T06.2

(T6.2) ¿Quién escribió el evangelio de Mateo?

Según la tradición del escritor cristiano del siglo II Papías de Hierápolis, Mateo, uno de los Doce, fue el primer evangelista y compuso su historia de Jesús en hebreo (arameo), que cada uno tradujo como pudo. Pero la crítica no acepta esta opinión por dos razones fundamentalmente:

  • T06.2En primer lugar, porque el Evangelio de Mateo llegado hasta nuestros días no es una traducción del arameo, sino una obra compuesta originalmente en griego. Recuérdese que Mateo utiliza como base de su escrito a Marcos y la fuente Q, ambos redactados ya en lengua griega. Por tanto, o bien ese «Mateo arameo» se ha perdido, o bien el «Mateo» que poseemos es otro evangelio.
  • • No es posible tampoco que haya sido compuesto por uno de los Doce, pues éste tendría información de primera mano y no seguiría tan extensamente fuentes previas…y en griego. El autor de Mateo es un escritor cristiano de segunda generación, puesto que utiliza textos escritos. Por tanto, parece quedar excluido que sea uno de los Doce, el publicano Mateo/Leví, cuya vocación se narra en Mateo 9,9.

Algunos estudiosos han supuesto que este desconocido autor pertenece a una «escuela de escribas cristianos» por su modo de manejar las Escrituras y porque se puede ver una alusión al propio autor en la mención al buen «escriba» que saca de su tesoro cosas viejas y nuevas (13,52). Esta suposición, sin embargo, no se puede probar aunque sea atractiva. Por tanto, no se sabe quién es verdaderamente el autor del Evangelio de Mateo. El que la tradición eclesiástica lo haya pues to bajo el nombre de un discípulo de Jesús es sólo un intento de dar autoridad a un Evangelio muy querido e importante por su riqueza doctrinal para el buen desarrollo de una Iglesia aún con pocos años.

El autor es ciertamente un judío helenizado, pero de tradición palestina (conoce muchas sentencias de Jesús recogidas por la comunidad cristiana palestina), docto en las Escrituras, que vive y compone su evangelio dentro de una comunidad judeocristiana mixta, con mezcla de otros creyentes procedentes del paganismo: «Vendrán del Oriente y del Occidente y se sentarán a la mesa de Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos» (8,11). Su grupo está casi separado de la Sinagoga, y se encuentra en fuerte tensión respecto al nuevo judaísmo «oficial», el que se desarrolla después de la caída de Jerusalén (el que rápidamente evolucionará como «judaísmo rabínico»). La comunidad de Mateo se permite decir que las sinagogas oficiales son «sus sinagogas», las de «ellos» (Mateo 4,23), pero no ha roto sus lazos definitivamente con ese judaísmo. Hay que seguir pagando la contribución al Templo (Mateo 17,24 27), aunque el «nuevo Israel», la Iglesia, tenga su código legal propio: la antigua Ley más las interpretaciones de Jesús. Este conjunto lleva a su grupo a ser más cumplidor y perfecto que la masa común de los israelitas: «Si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos» (5,20). Al igual que Pablo, la comunidad de Mateo piensa que su ideología judeocristiana es el judaísmo más perfecto y que es en realidad la verdadera competencia al judaísmo oficial (cf. Mateo 9,13) que empieza a levantar cabeza en esos momentos, tras la guerra judía, bajo la égida de Yohanán ben Zakkay (cf. 23,8: «Pero vosotros no os hagáis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos sois hermanos»). El Evangelio de Mateo, con su vigorosa cristología, con las precisiones al concepto de mesianismo y con una recia diatriba contra los escribas y fariseos, hipócritas (6,2; 23,13), es en su trasfondo una polémica contra los nuevos jefes de ese judaísmo oficial.

Tal como se deduce de la escena final de su Evangelio (28,19), este judío cristiano tiene un enorme interés por la tarea misionera de su nueva fe. Su primera intención era confirmar en la fe a los que ya la tenían puesta en Cristo Jesús, y en segundo lugar pero con la misma fuerza proclamar la necesidad de una misión a todo el mundo, ciertamente, pero sobre todo a los judíos a la vez tan cercanos y lejanos, a quienes intenta convencer de que deben ver en Jesús al mesías, y de que acepten la Ley mejorada por Jesús (¡ya no hay Templo!), que es el nuevo Moisés.

(Guia para entender el Nuevo Testamento – Antonio Piñero).

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