T06.1

(T6.1) ¿Qué es el Evangelio de Mateo?

Mateo ofrece bastantes variaciones sobre Marcos debidas a un plan de reelaboración del material ante sus ojos. Es como una edición nueva, ampliada y corregida, del Evangelio de Marcos. La comunidad en la que nace este Evangelio es también distinta a la comunidad del primer evangelista; sus preocupaciones y teología son diferentes y la imagen misma de Jesús presenta otros colores y dimensiones. Para Mateo el mesías, de Israel y del mundo, probado por sus hechos milagrosos y las profecías de la Escritura, es el nuevo intérprete absoluto de la Ley y habla hoy a la comunidad y al mundo.

T06.1Si se acepta la «Teoría de las dos fuentes», tal como se explicó en el capítulo 11, el Evangelio de Mateo es posterior al de Marcos: sus fuentes prácticamente seguras, en opinión de la mayoría de los estudiosos, son el Evangelio de Marcos y la fuente Q. A este material añade el nuevo evangelista una rica tradición oral propia al principio y al final del esquema del primer evangelio: nacimiento y primeros momentos de Jesús, y unas historias después de la resurrección. Esta tradición procede en su mayor parte de las comunidades cristianas de Judea y Galilea.

El interés cada vez mayor por la búsqueda del Jesús histórico hace que se suela conceder más importancia al Evangelio de Marcos que al de Mateo, porque se cree comúnmente que el primero es más cercano a lo sucedido realmente en la vida de Jesús. En la Iglesia antigua, sin embargo, el Evangelio de Mateo gozó de una prioridad absoluta sobre Marcos (y los demás) entre otras razones porque Mateo es el único que presenta a Jesús fundando una Iglesia (16,16) como institución distinta de la sinagoga judía y dando las primeras y breves instrucciones para su buen funcionamiento (sobre todo cap. 18).

Como autor, Mateo se sitúa frente a un Evangelio completo, el de Marcos, pero se siente insatisfecho con lo que tiene ante sus ojos. Sobre él efectúa más de un centenar de correcciones importantes, y lo complementa además con materiales suplementarios. Esta manera de actuar de un autor evangélico respecto a otro casa mal con cualquier doctrina de la inspiración verbal de la sagrada Escritura. Le yendo entre líneas se descubre que el Evangelio de Mateo se presenta en su conjunto como una «vida de Jesús» que sirve de manual para el maestro cristiano —«el buen escriba que saca de su tesoro cosas antiguas y nuevas», tal como lo define el Evangelio mismo en 13,52—, de modo que éste pueda encontrar material para su predicación comunitaria, para la liturgia o para su enseñanza en la catequesis. El «evangelio» como mensaje de Marcos se hace ya más un «libro» en Mateo, y los discípulos de Jesús forman «una Iglesia». Ésta cree en la venida de Jesús, sí, pero la ve cada vez más lejos en el tiempo (25,5: el «novio», el mesías, tarda) que los lectores del Evangelio preceden te, el de Marcos.

1. Claves generales de lectura

Un análisis del contenido de Mateo no sólo es interesante por sí mismo, sino también por aquello que cambia, añade u omite respecto a su base, Marcos. El lector entenderá mejor el contenido del Evangelio de Mateo si utiliza una Sinopsis que le presente los Evangelios en columnas paralelas, pues le ayudará enormemente a percibir las alteraciones que introduce Mateo. Éstas son un indicio claro de su pensamiento propio. Hemos indicado ya que en castellano tenemos una buena Sinopsis, la de José Alonso y A. Vargas Machuca (Bibliografía). Mateo realiza su trabajo de «edición» del material ante sus ojos no a tontas y a locas, sino siguiendo un plan concreto y con unos intereses teológicos precisos. En líneas generales son tres las ideas principales que guían su tarea:

• Jesús es el cumplimiento de las promesas divinas hechas a Israel. Mateo utiliza una y otra vez el esquema «promesa» (Antiguo Testamento) / «cumplimiento» (Jesús).

• Jesús es el nuevo Moisés que proclama una nueva ley. Esta ley es la antigua, cierto, pero interpretada por Jesús. Los cristianos deben regirse por esta nueva ley.

• Jesús funda una Iglesia, que tiene la misión de congregar discípulos y predicar el Evangelio. En este libro se recoge todo lo que puede interesar a la Iglesia, como enseñanzas doctrinales de Jesús, normas éticas, etc. Todo el Evangelio va orientado a ser la narración fundacional de la Iglesia.

2. Estructura

En líneas generales Mateo sigue el esquema de Marcos. Esto es especialmente claro a partir de 14,1. La utilización del material de la fuente Q (una colección de sentencias de Jesús de tono muy judío por lo que a Mateo le interesaba mucho), obligaba a Mateo a modificar la estructura de su base principal, Marcos. Además hay otros cambios condicionados por varios impulsos:

• El deseo de ofrecer una «biografía» más completa de Jesús: Mateo progresa sobre la intención de Marcos de corregir el desinterés de Pablo por la vida terrena de Jesús. Para Mateo los hechos y dichos del Maestro antes de su muerte y resurrección son fundacionales, tienen trascendencia en sí mismos y fundamentan una Iglesia. Esta intención de completar se nota sobre todo en el añadido de historias sobre la infancia de Jesús y tras la resurrección. Las normas helenísticas de un relato biográfico prescribían que se narraran también los hechos maravillosos de la infancia del héroe: había que incorporar referencias a la importancia futura del recién nacido (2,2), su nacimiento milagroso, los peligros y acechanzas en el entorno de su nacimiento y primeros meses de vida y la milagrosa salvación del infante (2,1ss; 2,13ss). La dignidad divina de Jesús se pone de manifiesto ya en los primeros momentos, pues su nacimiento es extraordinario, virginal, en contraposición al de sus hermanos (Mateo 1,25). Para esos primeros días de Jesús Mateo utiliza como material de base narraciones populares que corrían ya entre los cristianos, y las emplea para transmitir un mensaje teológico muy preciso: Jesús es Hijo de Dios ya desde su nacimiento; todos los signos que rodean sus momentos iniciales en este mundo presagian una grandeza sin igual. El soberano que el mundo espera no es el Emperador (Virgilio, Égloga IV), sino Jesús que viene del Oriente (se creía que el salvador vendría desde allí) y al que adoran altas esferas religiosas de los paganos (los magos).

Por el lado de la conclusión del Evangelio los relatos de las apariciones del Resucitado parecían ser exigidos por el pobre final de Marcos (que termina en 16,8; el resto, vv. 9 20, es un añadido secundario de otra mano que responde justamente a la misma necesidad que sintió Mateo), donde sólo se leía: «Id a decir a sus discípulos y a Pedro que Jesús os precederá a Galilea. Allí lo veréis, como os ha dicho». Al ampliar el marco de la «vida» de Jesús diseñado por su antecesor, Mateo continúa la tendencia de ir en contra de la visión paulina, mostrando un interés aún mayor por el Jesús terreno. Para Mateo toda la vida de éste tiene un significado y será interesante en sí misma, especialmente por su doctrina. Jesús fue ante todo un maestro.

• El deseo de agrupar un material desordenado: Mateo ofrece series ordenadas de milagros; grandes discursos que reúnen y ordenan la doctrina de Jesús; colecciones de parábolas. Los capítulos 3 13 de Mateo muestran desviaciones en la estructura de la obra de su antecesor porque a Mateo no le interesa sobre todo la cronología, sino el orden.

• El deseo de abreviar y recomponer el material de Marcos que le parece menos interesante, poco serio o demasiado pintoresco en detalles, sobre todo en los relatos de curaciones (compárese, por ejemplo, Mateo 8,28 34 con Marcos 5,1 17; Mateo 9,18 26 con Marcos 5,21 43). El espacio ganado con las abreviaciones lo rellena preferentemente aumentando los dichos de Jesús que manifiestan su doctrina:

a) Algunos pasajes de Marcos están eliminados sin razón alguna en apariencia, como varias curaciones (de un poseso, Marcos 1,23ss; de un sordomudo, Marcos 7,32ss, de un ciego, Marcos 8,22ss).

b) Otras desviaciones respecto a su antecesor suelen tener alguna explicación: por ejemplo, el material de los discursos de Jesús está ordenado en cinco grandes sermones, no más, porque cinco son los libros de la ley de Moisés, el Pentateuco. Los milagros contados por Marcos son reunidos por Mateo en un ciclo de grandes hazañas de Jesús (Mateo 8 9), porque así destaca más la grandeza del personaje. En otras ocasiones Mateo omite o cambia textos de Marcos que no dejan en buena luz a personajes que a él le merecen respeto, por ejemplo, la familia de Jesús (Marcos 3,21, en donde aparece que los familiares piensan que Jesús está loco, ha sido omitido por Mateo). El evangelista aminora la crítica de su antecesor respecto a los discípulos. Éstos son menos torpes para creer (Mateo 14,3) y pasan de no tener fe a tenerla, aunque aún escasa (compárese Mateo 8,26 con Marcos 4,40). En Mateo los discípulos comprenden mejor, reconocen con más facilidad a Jesús como Hijo de Dios, y pasan así a ser los representantes de la comunidad fundada por Jesús. El tratamiento de la persona de Jesús es especial: omite o cambia de Marcos todo aquello que pueda menoscabar la gloria o dignidad del personaje: compárese Mateo 9, con Marcos 5,30 31 (Jesús podría pasar por ignorante); Mateo 13,58 con Marcos 6,5 (podría parecer que Jesús era incapaz de hacer un milagro); Mateo 19,16 17 con Marcos 10,17 18 (Jesús también puede ser llamado bueno como Dios).

Respecto a la estructura propiamente tal del Evangelio hay que decir que no hay dos comentaristas que dividan la obra de Mateo de la misma manera. Una división muy antigua pero que parece acertada para entender el Evangelio podría ser la siguiente:

1. Introducción: Genealogía y nacimiento de Jesús.

2. Cuerpo del Evangelio dividido en cinco grandes secciones: cinco libros de la nueva ley de Jesús. Cada una de estas secciones o bloques contiene: a) una parte narrativa, mezclada a veces con contenidos doctrinales sueltos; b) un sermón que representa una sección de la nueva ley interpretada y proclamada por Jesús como el nuevo Moisés. En esta primera parte Galilea cumple la función de tierra prometida en la que se cumplen los oráculos de los profetas (4,12 16).

3. Una conclusión solemne dividida en las partes siguientes: a) historia de la pasión y muerte del mesías; b) resurrección del mesías y apariciones; c) mandato de evangelización universal. En esta segunda parte Jerusalén desempeña el papel de lugar en el que se cumple el destino final de Jesús en la cruz.., y su resurrección junto con la misión universal.

 

3. Intereses teológicos del Evangelio de Mateo

Los rasgos peculiares de Mateo en comparación con el de Marcos son los siguientes:

• En la doctrina sobre la Iglesia es de destacar en Mateo el interés en todo lo que afecte a ella. Este hecho indica que el autor del Evangelio se ve ya a una distancia temporal considerable desde la muerte de Jesús. Es único entre los cuatro evangelios el pasaje en el que Jesús funda la Iglesia: Mateo 16,16. En el capítulo 9 hemos discutido ya este texto en el que Mateo expande la base de Marcos para añadir las palabras fundacionales de la Iglesia, y hemos sostenido como muy probable que éstas no procedan del Jesús histórico, sino que reflejen el momento de Mateo ya que debieron ser pronunciadas por un profeta cristiano. Para Mateo, la Iglesia es un grupo de seguidores de Jesús distinto al de los Doce; está bien constituido, con su jefe al frente, y posee una cierta organización (aunque todavía se perciben en ella profetas y maestros itinerantes, cf. Mateo 10) con su correspondiente disciplina (Mateo 18). La Iglesia debe expandir la doctrina de Jesús (Mateo 28,20), el Evangelio, hasta el final de los tiempos, que se imaginan más bien lejanos (24,14 y 28,16 20). El sustento de esta entidad, la Iglesia, es la presencia real de Jesús en medio de ella (28,20).

• La cuestión del retraso de la parusía es resuelto por Mateo de la siguiente manera: vendrá sin duda alguna, pero se retrasará un poco. No es tan inminente como creía el Evangelio de Marcos (cap. 13). Es voluntad de Dios que el tiempo intermedio sean los años en los que la Iglesia predique el Evangelio por todo el mundo: hasta ese momento no vendrá el final: «Se proclamará esta buena nueva del Reino en el mundo entero para dar testimonio a todas naciones. Y entonces vendrá el fin» (24,14).

• El problema teológico que supuso la destrucción del Templo (sede de la presencia de Dios según las creencias judías) fue resuelto por Mateo según pautas muy parecidas a las que utilizó el judaísmo normal para sobreponerse a la catástrofe. Sabemos ya que ante la forzada ausencia del Santuario el judaísmo se concentró en la observancia de la Ley, en la piedad interior, en la oración y en el culto centrado en la Sinagoga. El judeocristianismo de Mateo suplió la ausencia del Templo (ausencia que su comunidad no sintió tanto como el grupo de cristianos de Jerusalén) concentrándose también en la Nueva Ley interpretada y proclamada por Jesús y en el nuevo culto centrado en sus «sinagogas» propias en torno a la eucaristía.

• La ley de Moisés, reinterpretada por Jesús, sigue siendo válida como exigencia para la salvación aun después de la venida del mesías Jesús. Aquí la toma de posición antipaulina parece evidente. Mateo se opone a la tesis de que basta la fe sola para que el hombre sea «justificado» (ser declarado libre de pecado por Dios), es decir, para que consiga la salvación. Las frases atribuidas a Jesús en defensa de la validez salvadora de la Ley para quienes le siguen son contundentes, como se muestra en 5,17 18: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o un ápice de la Ley sin que todo se haya cumplido». En 7,24 insiste el Jesús de Mateo en la necesidad de las obras: «Aquel que escucha mis palabras y las pone por obra..» (Igual en 28,20).

Por otro lado, el Evangelio de Mateo alberga sentencias aparentemente contradictorias respecto a la eficacia de la ley de Moisés. Por una lado, hallamos un pasaje, 23,2, en el que se llega a recomendar la enseñanza de los fariseos. Por otro, la quinta antítesis del bloque 5,21 48 (vv. 38 42) presenta a Jesús interpretando un pasaje del Libro del Éxodo de modo que supone una abrogación de las directrices sagradas: «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente [Ex 21,24]. Pero yo os digo: no resistáis al mal». Los comentaristas no se recatan en afirmar que el texto de Mateo dibuja a un Jesús que se opone al pasaje del Éxodo, y se toman notables esfuerzos por encontrar una vía de conciliación. Probablemente hay en Mateo un reflejo de la oposición de dos materiales contradictorios: por un lado, las palabras respecto a la Ley que provenían del Jesús histórico dentro de un marco puramente judío, y que el evangelista respeta; por otro, la interpretación del evangelista, ya judeocristiana, que refleja la teología de su comunidad un tanto diferente a la de Jesús. Otros estudiosos apuntan a que la solución a semejante antinomia radica en lo siguiente: por una parte, el evangelista hace que Jesús se pronuncie claramente (5,17 18) contra ciertos elementos de su comunidad que defendían la tesis paulina de que la observancia de la Ley no era necesaria para la salvación. Y el evangelista mismo, por otra, con su labor redaccional se opone a ciertos miembros de su grupo demasiado legalistas, recalcando la necesidad de la ley de Moisés, sí, pero interpretada por una instancia superior que es el Maestro, divinizado (5,21 48); éste tiene potestad incluso para alterarla.

Mateo señala continuamente que Jesús está indicando que se debe entender la Ley de otro modo (antítesis de 5,21 48). Frente a los judíos que rodeaban o vivían junto a Mateo y que se agrupaban aún más en torno a la Ley eterna, el evangelista afirma que Jesús la ha precisado, completado y redefinido. La nueva ley es la de Moisés, sí, pero tal como la entiende y revela Jesús. Son tres los puntos principales de tal enseñanza:

1. La Ley se resume en el precepto del amor: 5,43.48; 7,12; 22,34 40.
2. No vale la mera observancia externa de la Ley: 9,13; 12,7.
3. La tradición oral no debe prevalecer contra el espíritu de la Ley (las «antítesis»: 5,21 48).

Una vez desaparecido el Maestro, los discípulos verdaderos deben continuar la misión de reinterpretar la nueva ley de Jesús. Hay muchos cristianos que no siguen las pautas verdaderas: éstos son los «falsos profetas» de 24,11 12. Los discípulos auténticos son los «escribas y maestros» de la comunidad que interpretan a su vez esa nueva ley sacando del tesoro antiguo (el Antiguo Testamento) y del nuevo (la tradición de Jesús) las riquezas necesarias para entenderla o acomodarla a los momentos precisos (13,52). Así pues, la intención fundamental de Mateo es que la doctrina de Jesús se transforme en la norma de su grupo de seguidores, bien constituido ya en Iglesia. La utilización de esta palabra, en griego ekklesía, no es casual puesto que se emplea en la versión de los LXX para indicar la congregación o pueblo de Dios reunido en la travesía del desierto.

La Iglesia tiene la misma función. Si se compara esta posición mateana respecto a la Ley con la ya conocida de Pablo, no hay más remedio que confesar que en el seno del cristianismo del siglo I se albergaban posiciones teológicas difícilmente conciliables. En honor a Mateo quizás haya que decir que él se oponía más a una interpretación «libertina» de la teoría de la «justificación por la fe» que a la esencia misma del pensamiento paulino.

• En la cristología hay que señalar en primer lugar cómo Mateo presenta insistentemente a Jesús como el cumplimiento absoluto de las Escrituras antiguas siguiendo el esquema conocido de «promesa / cumplimiento». Jesús es la culminación de todo lo preanunciado por los profetas. El artificio literario para recalcar esta idea es repetir continuamente a los lectores la frase: «Y esto ocurrió para que se cumpliese la Escritura..», frase que introduce lo que la investigación denomina «citas de cumplimiento». Son en total 10: 1,22; 2,15; 2,17; 2,23; 4,14; 8,17; 12,17; 13,35; 21,5; 27,9. Al principio Mateo repite la fórmula con más frecuencia. Luego, cuando el lector está ya acostumbrado, más de tarde en tarde.

En Mateo se percibe un avance sobre Marcos respecto a claridad con la que se presenta la filiación divina de Jesús. La posición del evangelista es la de exaltar todo lo posible la dignidad suprahumana de éste. Es Hijo de Dios no ya desde el bautismo, en un acto de adopción (Marcos), sino por su misma concepción milagrosa (Mateo 1 2: relatos de la concepción e infancia de Jesús). Su estatus se confirma en el bautismo donde la voz celeste proclama a todos, no sólo a Jesús (contrastar Mateo 3,17 con Marcos 1,11), la dignidad divina de éste. Pero Mateo es, como Marcos, cuidadoso con el sentimiento monoteísta del judaísmo: esa dignidad procede toda de Dios. En 28,28 el Jesús de Mateo afirma: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra», y en 11,27: «Todo me ha sido entregado por mi Padre..».

La filiación divina está unida con la cualidad de Jesús como mesías. Mateo reduce un poco la teoría de Marcos sobre el «secreto mesiánico»: los discípulos reconocen que aquel es Hijo de Dios, 14,33, y la confesión de fe de Pedro es de gran intensidad: 16,14ss. Jesús es, pues, el mesías verdadero, pero su mesianismo —como señalaba también su antecesor, Marcos— contiene como elemento indispensable el sufrimiento y el fracaso. El mesías de Mateo es ya claramente el Siervo doliente de Isaías, personificado (8,17). Aunque la cita del profeta Isaías en el evangelio de Mateo aún no está unida a una mención expresa del «Hijo del hombre», ya falta poco para ello.

Diferenciándose de la posible crítica de Marcos (véase el pasaje Marcos 12,35 37 donde se pone en duda que el mesías tenga que ser necesariamente hijo de David) y de acuerdo con su concepción sobre la ley de Moisés, insiste Mateo en que Jesús es auténtico «Hijo de Da vid», y lo resalta por medio de una genealogía en el solemne principio de su evangelio. Pero Mateo se aparta a la vez conscientemente de la concepción tradicional de mesías estrechamente relacionada con ese título tan judío y continúa el proceso de «desjudaización» ya analizado. En el relato de las tentaciones (4,1 11) el Jesús de Mateo renuncia no a un falso mesianismo, sino a la concepción mesiánica tradicional judía que implicaba la aspiración a un poderío político de Israel sobre todas la naciones del mundo. Es Mateo quien ve que este tipo de mesianismo tradicional no puede conectarse fácil mente con su concepción de la Iglesia, un Israel nuevo que da nuevos frutos (21,43) y de estructura universal, pues está constituida también por paganos convertidos a quienes se predicó el evangelio (28,19).

El segundo evangelista elabora con mayor precisión que Marcos los rasgos pacifistas de Jesús («Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón». 11,29) y hace hincapié especial en el hecho de que el Jesús histórico no impulsó de modo directo una militancia política activa contra los romanos. Jesús es contrario a cualquier «ruido de sables» o intentona militar contra el Imperio romano (26,52: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñan la espada, a espada perecerán») rechazando la ayuda guerrera de doce legiones de ángeles que combatirían por él contra los romanos y sus colaboradores judíos de las clases superiores. Mateo introduce en el relato de la Pasión a la esposa de Pilato, que manifiesta la inocencia de Jesús respecto al cargo de sedición contra Roma (27,19); la catástrofe de la caída y saqueo de Jerusalén (70 d.C.) es un castigo divino contra un pueblo deicida, 21,43, y a la vez un encargo de misión: «Se os quitará el reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

• La ética de Mateo se resume en dos formulaciones netamente judías: la «regla de oro» (7,12 = Dt 6,5: «Cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres hacédselo vosotros a ellos, porque ésta es la Ley y los Profetas») y el doble mandato del amor (22,27 40 = Levítico 19,18). Su impulso fundamental, la «imitación de Dios» (5,48), es también muy judío.

4. Lugar y fecha de composición

No es posible tampoco determinar el lugar de composición del Evangelio de Mateo. Se ha argumentado que en Mateo 17,24ss se afirma que un estáter es una moneda que vale dos didracmas, y que sólo en Antioquía y Damasco tenía el estáter ese valor. Por tanto —se dice— el Evangelio se compuso en una de esas dos ciudades. Esta opinión es muy plausible y encaja bien con el ambiente judeohelenístico del Evangelio, pero no absolutamente segura. La fecha de composición es aproximada: después de Marcos; posterior a la destrucción de Jerusalén (año 70, que se presupone en 22,7; 23,38) y anterior al Evangelio de Juan (que conoce el material sinóptico). Por tanto, en torno al 80 o 90 del siglo I.

(Guia para entender el Nuevo Testamento – Antonio Piñero).

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