T06.6

(T6.6). ¿Quién escribió el Evangelio de Lucas y Hechos?

Parece claro que los libros de Lucas/Hechos nacen en un ambiente de tradición paulina y que están consagrados a exponer y defender el paso del «evangelio» judeocristiano, estrecho, arcaizante, mirando hacia atrás hacia el Jesús judío, a otro que incluye plenamente a los gentiles en el marco del Imperio romano. A la vez los Hechos son un esfuerzo de la tradición paulina deseosa de no distanciarse en demasía de los demás, de formar un conjunto con las iglesias más judías procedentes de Jerusalén y de Antioquía.

Por ello, la tradición de la Iglesia primitiva ve en un compañero de Pablo, concretamente en el médico Lucas (Colosenses 4,14; 2 Timoteo 4,11; Filemón 24), al autor del tercer evangelio (Lucas) y de los Hechos. Desde muy antiguo, las secciones de Hechos que emplean el «nosotros» han confirmado esta opinión. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos desde hace decenios no está de acuerdo con esta tesis de la tradición eclesiástica. Lucas no pudo haber sido compañero de viaje de Pablo. El autor sería otro diferente por las siguientes razones:

T06.6a) Las diferencias notables entre la imagen y la teología de Pablo que se desprende de los Hechos (por ejemplo, los Hechos no mencionan la apasionada lucha de Pablo por defender su teoría de que la salvación sólo viene por la fe que el lector obtiene leyendo las cartas de aquél.

b) Las contradicciones arriba señaladas entre los Hechos y Gálatas. El autor de Lucas/Hechos desconoce o ignora deliberadamente la correspondencia de Pablo y su enorme repercusión en las iglesias.

c) Lucas no concede a Pablo casi sistemáticamente el título de «apóstol» que él reivindica con tanta pasión.

Estos argumentos han persuadido a muchos estudiosos a negar el punto de vista tradicional. Esta opinión crítica nos parece justificada y creemos que ese otro autor de los Hechos es para nosotros un desconocido. Pudo ser bien un judeocristiano muy helenizado, o un pagano muy cercano al judaísmo, es decir, un «prosélito» o convertido a la religión judía. Una postura media opina que los pasajes que emplean el «nosotros» provienen de un auténtico compañero de Pablo, pero que permaneció con el Apóstol poco tiempo. En concreto no estuvo con él en los años cruciales entre el 50 y el 58, precisamente cuando él redactó las grandes cartas llegadas hasta hoy. En este caso no sería imposible —se opina— que un personaje secundario del entorno de Pablo escribiera los Hechos varias décadas después de la muerte del Apóstol, ignorando algunos detalles de la vida de éste, simplificando y remodelando otros. De cualquier modo, incluso en esta opinión, el autor no sería un simple historiador, sino un teólogo que repensó la figura de su héroe, Pablo, cuya vida describe en parte.

En cuanto al lugar de composición se han sugerido diversas localidades: Roma (improbable, pues el autor desconoce la tradición sobre la estancia allí de Pedro), algún lugar de Asia Menor (¿Antioquía?) o de Grecia. La cuestión es insoluble y, además, tiene poca importancia para la comprensión de la obra.

La fecha de composición es sólo deducible indirectamente: Lucas- Hechos es posterior al Evangelio de Marcos, al que utiliza, probablemente anterior al Evangelio de Juan, que parece conocer el texto de Lucas (el evangelio), y desde luego anterior a la Epístola de los Apóstoles , un apócrifo de mediados del siglo II que cita a los Hechos. Con estos datos se piensa que la doble obra hubo de estar completa a más tardar hacia el 90 d.C.

¿Quiénes eran los destinatarios de la doble obra? Muy probablemente lectores ya cristianos a los que el autor desea confirmar en su fe gracias a una interpretación, correcta en su opinión, de la historia. Para el autor sólo hay un Israel, el que ha recibido la salvación a través de Jesús. Según su esquema de la historia de la salvación, hay un plan divino que demuestra que el cristianismo es el culmen del judaísmo. El «otro Israel» es puramente físico y se ha apartado de la salud espiritual por contumacia: en el nuevo sistema la Ley sigue vigente para los judíos y los gentiles deben observar las leyes noáquicas, es decir, externamente son bastante judíos. No se puede pedir más. No hay síntomas de que los lectores hayan roto definitivamente con la Sinagoga por lo que las reuniones cristianas parecen no excluir necesariamente las sinagogales. Los verdaderos enemigos son las disensiones internas entre los cristianos y una falta de comprensión de lo que fue y es la fe, única e igual desde el principio.

¿Qué valor histórico tienen los Hechos? Lucas como historiador

La respuesta a esta cuestión la puede componer el lector mismo con elementos de lo expuesto hasta ahora. Por un lado, parece que en múltiples ocasiones es Lucas fiel a sus fuentes hasta, incluso, incurrir en contradicciones. Así, por ejemplo, respecto a la fecha, lugar de la resurrección y la sepultura de Jesús (diferencias entre Lucas 24,50-53 y Hechos 1,3-11) opinan muchos comentaristas que Lucas sigue fuentes diferentes en cada una de las partes de su obra. No se trata de ningún despiste, sino de un uso servil de material anterior por parte de Lucas. Parece también que Lucas sigue con mayor fidelidad que Mateo el orden de la fuente «Q», común a ambos, mientras que Mateo la reorganiza más a su conveniencia.

Por otro, sin embargo, algunos gruesos desvíos de lo que podemos sospechar como realidad histórica, hacen al lector un tanto escéptico respecto a la fiabilidad de Lucas tanto en el Evangelio como en los Hechos. Por lo que respecta al Evangelio recordemos: a) que los capítulos 1-2, el llamado «evangelio de la infancia», no concuerdan con Mateo; b) que la reelaboración por parte de Lucas de la figura del Bautista es muy fuerte. El final de este personaje (Marcos 6,14) se concentra en una noticia escueta en Lucas 3,19 y se traslada al comienzo de la exposición de la vida de Jesús. El bautismo de Jesús se relata en el Evangelio muy brevemente después de la noticia de la muerte de Juan, con lo que Lucas elimina toda relación explícita de ese acto de purificación de Jesús con el Bautista; c) que el largísimo viaje a Jerusalén, en la llamada gran intercalación de Lucas 9,51-18,14, se demuestra como una ficción literaria, aunque el autor parezca llenar con datos fidedignos las lagunas de los otros evangelistas; d) que la positiva eliminación de Galilea de todas las historias pascuales con la consiguiente ventaja absoluta de Jerusalén tampoco es admisible, pues corresponde al interés teológico por destacar el papel de la Capital como lugar de irradiación del Evangelio. Entre los errores históricos concretos y más palpables de los Hechos se han señalado: la existencia de un viaje de Pablo a Jerusalén tras su «conversión» que contradice a Gálatas 1,17; la existencia de un ulterior viaje a la capital antes del llamado «concilio» de Jerusalén (Hechos 11,29ss; 12,25), que contradice a Gálatas 1,17-21 y 2,1; la contradicción entre Hechos 15,7- 21 y Gálatas 2,15ss: según este último texto, es Pablo quien defiende la expansión de la actividad misionera a los paganos y no Pedro y Santiago; la contradicción entre Gálatas 2,6-9 y Hechos 15,23-29 respecto a las normas que deben imponerse a los paganos convertidos: no hay noticia alguna por parte de Pablo de haber divulgado y exigido entre sus cristianos el cumplimiento de tales normas; el que Lucas parezca ignorar aspectos fundamentales de la teología de su presunto maestro, Pablo, presentándolo como un estricto fariseo (Hechos 23,6), sin mencionar explícitamente nunca la existencia de sus cartas y la teología en ellas expresada sobre todo la «justificación por la fe».

Estas observaciones inducen a un cierto escepticismo sobre el valor histórico de partes, al menos, de la obra lucana. Lo que más pesa en contra de la objetividad de Lucas-Hechos es la mencionada falta de referencias en los Hechos a la actividad del Apóstol como autor de textos fundamentales para el desarrollo del cristianismo, escritos que tuvieron mucha difusión y que generaron polémica. Muchos investigadores se asombran de que Lucas dibuje una imagen de éste que se parece más al ideal misionero de los adversarios del Apóstol en 2 Corintios que a lo descrito por Pablo mismo. Además, opinan, la teología «paulina» del Pablo de Hechos no es paulina. Otros destacan cómo Lucas distorsiona la presentación de los personajes y de la trama interna de la historia, aunque sea fiel en los detalles pequeños. Precisamente esta fidelidad pretendida en lo mínimo —dicen— le autoriza a manipular lo importante. Parece razonable la duda al menos sobre la veracidad histórica de Lucas-Hechos. Se puede pensar que Lucas, como escritor de la tercera generación cristiana, no es sólo un historiador sino un apologeta y propagandista de su religión, el defensor de una fe ya consolidada que abraza con toda convicción. La tendencia de Lucas a mostrar la historia de la Iglesia en la mejor de las luces posibles le lleva a dibujar en su obra un cuadro casi idílico, una «edad dorada de la Iglesia» en la que no hay fricciones notables dentro del cristianismo primitivo, incluso las dos «facciones» de la Iglesia, herederas de hebraístas y helenistas, llegan sin problemas a un acuerdo en lo fundamental en el «concilio de Jerusalén» y sus diferencias eran más bien sociales: problemas respecto al cuidado de las viudas (6,1). Todos estos rasgos contienen mucho de valoración subjetiva, voluntariosa y cándida que tiñe la exposición objetiva de los hechos. Comenta críticamente Ph. Vielhauer que Lucas al obrar así no cumple con los condicionantes exigidos por la historiografía antigua, ya que muestra claramente unas tendencias que son más propias del teólogo que del historiador: «Lucas no puede compararse a Flavio Josefo, a Plutarco, Suetonio e incumple las normas de Luciano sobre cómo escribir historia» (Historia, 395).

Otros investigadores, sin embargo, ensalzan en diversos estudios detalles de los Hechos que revelan gran exactitud histórica. Insisten en que no debe medirse a Lucas con el rasero de la historiografía moderna, y se indica que los presuntos errores se deben sobre todo a que Lucas es un historiador que sintetiza en su obra un gran lapso de tiempo, por lo que ha de ser muy selectivo cronológica y geográficamente, es decir, ha de elegir qué hechos decide contar y los ámbitos o ciudades que, según él, desempeñaron un papel importante. Otros datos los omite. He aquí el juicio conclusivo sobre el valor histórico ambivalente de la obra de Lucas de un estudioso que intenta representar un sentir también difundido en la investigación de hoy: Dado que no era un testigo ocular de lo que narra y de que es muy selectivo, el autor de los Hechos alcanza cotas altas de exactitud histórica en las diferentes secciones de su libro. Aunque el autor escribió más en un estilo bíblico que en el clásico de los historiadores, no es absurdo pensar que podría haber sido un candidato apropiado a miembro de la fraternidad de los historiadores helenísticos, aunque nunca sería elegido presidente de la sociedad. De cualquier modo, al evaluar a Lucas como historiador es digno de recordarse que el autor nunca llamó evangelio a su Evangelio y nunca denominó a sus Hechos historia. Pensó que ambos eran una diégesis, «narración». En los Hechos tal narración tiene el fin primario de proporcionar seguridad a los creyentes (Lucas 1,4) y fortalecer su perspectiva teológica. Por ello, cualquier tipo de historia que se nos haya conservado en los Hechos está puesta al servicio de la teología y de la predicación pastoral (Brown, 429).

(Guia para entender el Nuevo Testamento – Antonio Piñero)

Un comentario en “(T6.6). ¿Quién escribió el Evangelio de Lucas y Hechos?

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s