006.4.1

(T6.4.1). ¿Es tendencioso y Sesgado el Evangelio de Marcos?

…Como ya dijimos hace tiempo, después de explicar qué es la “tendencia” en el ámbito del estudio de la historia y del análisis de los textos, poner un largo, argumentativo y razonado ejemplo (Hechos de los apóstoles), tenemos que abordar un tema no menos peliagudo: ¿hay, o no, razones para considerar que el Evangelio de Marcos es también “tendencioso” y sesgado?…

006.4.1“Mi propuesta es que -de acuerdo con la perspectiva aceptada universalmente, aunque matizada, de la “Historia de las formas”- lo que se ha dicho del “entorno vital” del Evangelio de Marcos (lugar de composición, fecha y lectores potenciales) no es indiferente en absoluto y contribuye a descubrir, a marcar/configurar la “tendencia” teológica del evangelista, y por tanto a interpretarlo. De ahí surgen conclusiones interesantes sobre cómo fue Jesús”.

¿Qué sabemos, pues?

• Que el Evangelio de Marcos se compone unos quince o 20 años después de la muerte de Pablo.

• Que es el primero cronológicamente entre todos los evangelios que han llegado hasta nosotros.

• Que influye poderosamente en Mateo y Lucas, porque éstos copian de él.

• Que la fecha probable de la edición actual es poco después del fin de la Gran Revuelta judía contra Roma, que acabó en el 70 d.C. (episodio de Masada, en el 73; pero no cuenta para lo que decimos).

• Que la edición llegada hasta nosotros se publicó muy probablemente en Roma o al menos que se editó con vistas a que la leyeran tanto cristianos occidentales venidos de la gentilidad, como paganos interesados, potenciales conversos a la fe en Jesús.

Una vez asentados estos puntos, deseo adelantar mi punto de vista como escribía en la “Guía para entender el Nuevo Testamento”:

“Se ha dicho que el Evangelio de Marcos es una apología o defensa de los cristianos ante las autoridades romanas después de la guerra contra los judíos (66-70 d.C.), de modo que aquéllas pudieran distinguir bien entre las dos religiones, la cristiana y la judía. En el Imperio era peligroso ser judío después del gran levantamiento contra Roma. Esta tesis es muy sugestiva y la hacemos nuestra, aunque somos conscientes de que no puede probarse con total seguridad” (3ª edic., 2008, p. 342).

Mantengo lo dicho. De todos modos, debo ser cauto y prudente como ahí indico, y debo formular más bien como hipótesis de trabajo los siguientes puntos, aunque esté bastante seguro de ellos:

• Marcos había aceptado el punto de vista teológico paulino a la hora de interpretar la muerte (y resurrección) de Jesús como un sacrificio vicario por la humanidad con un final feliz. Su teología era, pues, paulina en este punto esencial.

• Pablo que vivió y murió antes de desencadenarse ni siquiera esta Gran Revuelta judía, había comprendido muy bien las necesidades de salvación de los paganos, y había ya interpretado a Jesús en clave de “redentor universal”, obscureciendo en lo posible su condición de mesías judío. Así “Cristo”, aun ciertamente entendido por Pablo como “mesías ungido” (este concepto es fundamental en él) pasa también rápidamente a ser pensado como un nombre propio.

• El evangelio de Marcos no sólo iba escrito como literatura de consumo interno, sino como obra de “lanzamiento”, defensa o apología, y propaganda de la nueva fe.

• Marcos escribe su obra condicionado por las circunstancias históricas que acababa de vivir, sobre todo por la caída de Jerusalén y del Templo, que le afectaban enormemente como judío de nacimiento que era.

• El evangelista Marcos era consciente de las dificultades de los cristianos, confundidos con los judíos, por las masas de “romanos”, después del desastre de la Gran Revuelta judía.m En el año 71 un judío tenía “mala famna”, se veía mal entre las masas del Imperio. Para éstas era bastante difícil distinguir a los cristianos (y más alos judeocristianos) de los judíos.

Las consecuencias de la guerra judía eran nefastas para la opinión pública. En total se habían visto implicadas en el combate de la Gran Revuelta un mínimo de cuatro legiones, con sus respectivas fuerzas auxiliares… Un ejército enorme, en torno a 150.000 a 175.000 soldados y ayudantes de todo tipo. Era peligroso, pues, ser judío/judeocristiano o cristiano simplemente cuando vio la luz su Evangelio.

• Era absolutamente imposible “vender” entre las muchedumbres del Imperio Romano, por mucha hambre de piedad y salvación que tuvieran, un Jesús como un mero mesías judío. Nadie en sus cabales, escucharía tal mensaje después de la Gran Guerra. Y menos en Roma, donde los dos Flavios, Vespasiano y Tito, habían organizado un “triunfo”, una procesión de victoria espectacular, en la que desfilaron jefes judíos vencidos -como Simeón bar Giora, si no me equivoco, numerosos prisioneros, gran cantidad de botín de guerra y despojos del Templo.

• Era, pues, necesario después del 70, un “proceso de desjudaización” de Jesús, sin el cual tal “mercancía religiosa” era inviable en el Imperio. Había que presentar a un Jesús no circunscrito a la “pequeñez” de Israel, un Jesús no implicado en la política de su tiempo, un Jesús en absoluto amigo de los violentos, en suma, un Jesús pacífico, inocente de cualquier tipo de sospecha de rebelión contra el Imperio.

• Igualmente era necesario un “proceso de desescatologización” de Jesús: Jesús había anunciado un final del mundo inminente; los cristianos creían que ese final comenzaba con la aniquilación de Jerusalén, pero no fue así: por otro lado, la parusía (la vuelta de Jesús como mesías en pleno sentido y reconocido por el mundo entero) se retrasaba, no llegaba; había que dar solución a este problema.

… Análogamente a lo que se dice que una imagen vale más que mil palabras, aquí –me parece- que un ejemplo nos introduce mejor en esta cuestión que muchas disquisiciones teóricas.

Pienso que los lectores estarán de acuerdo en que el Evangelio de Marcos se esfuerza por presentar al prefecto Poncio Pilato en una buena luz. Y también al Imperio. Así, después de la entrada en Jerusalén de Jesús, Marcos describe a Jesús en el episodio del pago del tributo al César como un judío, ciertamente astuto e inteligente, que –aunque esté de acuerdo en el fondo de su alma con el hecho de no pagar-, aboga y aconseja doblegarse ante la materialidad del tributo, es decir pagar a secas (Mc 12,13-16).

Marcos presenta así a Jesús como una suerte de pacifista prorromano, pues reconocía de facto el gobierno de Roma sobre la tierra de Israel, aunque era tierra de Dios.

El hecho en sí es bastante verosímil en el ambiente en el que vivía Jesús. Pero es inverosímil lo que a continuación Marcos cuenta, a saber que el Nazareno mantenía intacta su popularidad a pesar de haber indicado, aunque crípticamente que se pagase. Opino que el evangelista deseaba ofrecer de hecho a sus lectores de Roma un Jesús cumplidor con el Imperio.

Pues bien, según el mismo Marcos Jesús sigue siendo popular entre las masas: no era conveniente arrestarlo (Mc 14:2):

“Pues decían: «Durante la fiesta no, no sea que haya alboroto del pueblo»”.

Y digo que es inverosímil, pues al declararse Jesús sibilina, pero decididamente –siempre según el evangelista Marcos- por mantener la paz y la sumisión al Imperio, de inmediato se habría conciliado la animadversión de la inmensa mayoría de los judíos.

Igualmente, la figura de Pilato aparece como pasiva en el proceso incoado contra Jesús, pues su papel casi se limita a sufrir con paciencia, y contra su voluntad, que las autoridades judías le hubieran entregado al Nazareno (Mc 15,3). Pilato proclama su inocencia primero indirectamente (son ellos, los judíos, quienes le acusan: Mc 15, 4), e intenta liberarlo con un truco político que a la postre resulta mal.

El episodio de Barrabás –dejamos aquí de lado las candentes cuestiones de su historicidad; nos limitamos al punto de vista de Marcos- presenta a Pilato intentando por todos los medios (aunque muy torpemente, según el evangelista) liberar a Jesús. Pilato es consciente de que el Nazareno es inocente; es “culpable” sólo por la “envidia de los sumos sacerdotes” (Mc 15, 10.

Pues bien, me parece que la historia de Barrabas es inverosímil desde el punto de vista de las circunstancias de la Judea del siglo I. Es muy probable que el evangelista haya recogido esta suerte de leyenda sólo por su deseo de probar que la autoridad romana reconocía la inocencia de Jesús.

Finamente, en el Evangelio, Pilato proclama la inocencia del Nazareno de un modo directo y también poco verosímil en un gobernador romano en Judea:

“¿Qué mal ha hecho éste?” (Mc 15,14),

Por pura cobardía y rastrero deseo de complacer a las masas, para no tener problemas, él -Pilato- que tenía toda la potestad para librarlo o condenarlo, entrega a Jesús en contra de su propia conciencia, para ser crucificado (Mc 15,15).

Históricamente la situación me resulta de nuevo inverosímil. ¿Cómo iba a ser posible que el gobernador –tan preocupado del orden público, que un poco más tarde, como cuenta Josefo, pasó por las armas a cientos de samaritanos bajo la sospecha de promover un altercado religioso político en el Monte Garizim- liberara a Barrabás, un celota y sedicioso convicto -había participado en una revolución: Mc 15,7- y mandara a la cruz a uno que creía inocente? Barrabás era, según Marcos mismo, un tipo peligrosísimo implicado en delitos de sangre y del cual no se podía fiar el gobernador. El contraste entre el belicista y asesino Barrabás y Jesús el inocente es impresionante en el Evangelio de Marcos.

Algunos exegetas aclaran que Pilato temía un levantamiento popular si liberaba a Jesús. Pero esta hipótesis me parece también muy poco verosímil a tenor de la frase transcrita antes: no era conveniente arrestar a Jesús durante la fiesta.

Un inciso: como el marco es el mismo, tampoco resulta muy creíble lo que apunta el Evangelio de Juan en 19,12: “Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron:

«Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César”.

Según el mismo evangelio, Jesús rechazó hacerse rey (6,15). Los judíos quedan también en esta escena johánica como unos malvados redomados.

Tanto esta postura del Evangelio de Juan como la misma del Evangelio de Marcos tiene una explicación más sencilla y convincente si tenemos en cuenta los datos que expusimos en la postal anterior: Marcos escribe en Roma, probablemente después del año 71, por tanto después de la Guerra judía, en un momento en los que el prestigio judío estaba asociado con una traición criminal y sangrienta contra el Imperio, y después de que las gentes de la Urbe hubieran visto la procesión triunfal de Tito y Vespasiano por sus calles, conmemorando el triunfo final de las armas imperiales sobre los “malvados judíos”. ¿Cómo presentar al judío Jesús como enemigo del Imperio?

Por tanto, creo que puede deducirse que esta sucesión de hechos históricamente inverosímiles fue la manera que tuvo Marcos de explicar lo que ocurrió en realidad, a saber que Jesús fue condenado voluntariamente por Pilato por delito de orden público, por rebelión contra Roma y por un delito de “lesión” a la majestad del Emperador. Después de un examen sereno todo lo que se dice de Pilato se muestra como francamente poco verosímil históricamente. Se debe a la “tendencia”, o “sesgo”, marcana a favor de acusar a los judíos de la muerte de Jesús y liberar en lo posible a la autoridad imperial.

Hemos indicado en la postal anterior que el Evangelio de Marcos insiste inverosímilmente en la responsabilidad casi única de los jefes de los judíos, y luego también de las masas del pueblo judío, en el ajusticiamiento de Jesús, exonerando de toda culpa en lo posible a Poncio Pilato.

El Evangelio de Marcos desarrolla también otra idea, o tesis, fuera del relato de la Pasión, que podemos adscribir, al menos hipotéticamente a su “tendencia” marcana, y es la siguiente: presentar a los judíos odiando o criticando desde el primer momento a Jesús, estimando que éste negaba los principios del judaísmo. Marcos va presentando en su escrito diversas escenas que muestran cómo varios grupos religiosamente muy judíos rechazan a Jesús, y cómo éste responde rechazándolos, criticándolos y separándose de ellos.

Esta tesis ha sido desarrollada en profundidad por Samuel G. F. Brandon, en su conocida obra Jesus and the Zealots (“Jesús y los celotas”), Manchester, University Press, de 1967, en el capítulo 5, sobre la finalidad del Evangelio de Marcos. en él defiende que este Evangelio es una “apologia ad christianos romanos”, es decir, una defensa dirigida a los elementos paganos convertidos en cristianos en la comunidad de Roma, para proporcionarles -en primer lugar- argumentos para que ellos supieran distinguir bien entre judaísmo y judeocristianismo.

Y, segundo, para que ellos, a su vez, supieran convencer a las autoridades romana, que estaban muy cerca, en la misma capital del Imperio, de que el cristianismo no era un peligro para ese Imperio…, ni Jesús tampoco lo había sido.

Dije ya en la primera nota de esta nueva serie que “hacemos nuestra esta tesis” aunque “somos conscientes de que no puede probarse con absoluta seguridad”. Comentaré, pues, la tesis de Brandon en las postales que sigan, aunque en modo hipotético.

El grupo más importante de los que se enfrentan a Jesús -según Marcos- es el de las autoridades religiosas y el de los expertos, o escribas, doctores de la Ley. Marcos describe a veces –no siempre- a un Jesús que no reconoce plenamente su autoridad y que rechaza su doctrina.

En efecto, ya en el primer capítulo del Evangelio, en la sinagoga de Cafarnaún, cuando Jesús apenas ha tenido tiempo de desarrollar una doctrina propia, y se parece aún mucho a su maestro Juan Bautista, “el pueblo quedaba asombrado de su doctrina porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mc 1,22).

Inmediatamente después, como ayuda a la contraposición Jesús-escribas, el espíritu inmundo que poseía a un individuo allí presente, se pone a gritar: “Tú eres el santo de Dios”. “Has venido a destruirnos” (1,24). Es claro que la enseñanza de Marcos es: los demonios reconocen la verdadera naturaleza de Jesús desde el primer momento, y no se equivocan. Sin embargo, las autoridades de los judíos no; están ciegas.

El primer choque directo entre Jesús y los escribas ocurre también en Cafarnaún (cap. 2 del Evangelio) cuando cura a un paralítico. Los escribas acusan a Jesús de “blasfemia” por decir que él es un mero mediador gracias al cual Dios perdona los pecados al paralítico (2,7). Ahora bien, para el que conozca un poco el judaísmo del momento, esos escribas sabían perfectamente que Jesús al decir “Tus pecados te son perdonados” se refiere indirectamente a Dios como autor del perdón, y que Jesús utilizaba lo que hoy se llama la “pasiva divina” (no se nombra directamente a Dios, pero se sobreentiende). Por tanto la acusación sólo se entiende desde fuera.

Esta acusación de blasfemia que Marcos presenta como de mala fe, se produce cuando Jesús acaba de curar a un leproso (1,44) por su simple palabra, aunque tocándolo con la mano. Inmediatamente después, Jesús reenvía al curado a las autoridades religiosas, en observancia de la Ley:

“Muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio»”.

¿Presenta Marcos a Jesús quebrantó la Ley al curar al leproso?. El texto no lo indica ni mucho menos. todo lo contrario. Pero a tenor de las palabras puestas por Marcos como comentario a un dicho de Jesús (“Así declaraba puros Jesús todos los alimentos”, Mc 7,19), no sería de extrañar que presentará al Maestro tocando al leproso sin importarle demasidado las leyes de la pureza cultual.

Ahora bien, Marcos, como buen judío, sabía que a la verdad Jesús sólo incurría en mera impureza cultual al tocar a ese enfermo. Pero la impureza no era pecado alguno (más impureza era tocar a un cadáver, por ejemplo, el cadáver de un padre o madre, y sin embargo, la Ley prescribía todos esos cuidados), sino sólo un impedimento para entrar ese día en el Templo. El paso del día y un baño ritual eliminaba tal impureza.

Tras este inciso volvamos a la acusación de “blasfemia”. Ésta se debía, según Marcos, a la mala fe por parte de esos judíos prominentes, los doctores de la Ley:

“Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos (los escribas que pensaban que Jesús era un blasfemo) pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?” (Mc 2,8).

Blog: Antonio Piñero

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