028.1

28.1 Juan el Bautista y el Reino de Dios

Señala J. A. Pagola en su libro sobre Jesús cómo era el punto de vista de Juan Bautista sobre los “últimos tiempos”. Si no he leído mal, no emplea nuestro autor la expresión el “reino de Dios” para describir cómo concebía el Bautista esos instantes. Ahora bien, parece que la descripción que -según los Evangelios sinópticos- hace el Bautista de estos momentos es bastante parecida en mi opinión a la que tendrá Jesús sobre el Reino (en su momento nos detendremos sobre ello). Creo que es éste también uno de los puntos de concomitancia entre Juan y Jesús que es conveniente destacar, a pesar de algunas diferencias obvias.

028.1El Bautista pensaba en primer lugar en una primera etapa de preparación para esos “momentos finales”, caracterizada por su predicación y que consistía en la (última) invitación de Dios por medio del profta al arrepentimiento y a la observancia de la Ley. Esa preparación tenía su lugar físico, en el desierto, en torno al profeta mismo. El proclamador de esos momentos era el Bautista, se supone que por encargo divino.

La primera etapa concluía con lo que habría de ser como un gran juicio divino purificador, al que Juan llama “bautismo de fuego” (Mt 3,11). El Bautista –siempre según los Evangelios sinópticos- no describe expresamente cómo será tal juicio, pero las imágenes que emplea para aludir a él son muy duras y fuertes: un hacha que corta los árboles malos (Mt 3,10); un bieldo terrible, agitado por un agricultor (Dios) poderoso, que separa la paja –los malvados-, la arroja al fuego, y deja el grano en el sitio que le corresponde: los buenos, los que oyen y e dejan convencer por su mensaje (Mt 3,12).

La segunda etapa tiene lugar en la tierra de Israel. No está protagonizada por el Bautista, quien desempeña tan sólo la función de precursor, sino por uno al que él mismo denomina “más fuerte que él” (Mc 1,7) y que es “el que ha de venir” (Mt 11,3). Llama la atención que la tradición evangélica no ponga en boca de Juan una caracterización de ese “más fuerte” con vocablos como “mesías”, o algo parecido. No hay más precisiones.

Señala oportunamente Pagola que la comunidad cristiana no emplea nunca estas dos expresiones, “el (más) fuerte” y “el que ha de venir” para designar a Jesús como mesías, de donde se deduce que con gran probabilidad que se trataba del lenguaje propio del Bautista.

“El gran juicio purificador desembocará en una nueva situación de paz y vida plena” en la que habrá una gran transformación espiritual: “Israel experimentará la fuerza transformadora de Dios, la efusión vivificante de su espíritu” (escribe Pagola en p. 73).

Se sobreentiende sin necesidad de decirlo expresamente que si esta segunda etapa tiene lugar en la tierra prometida constará de momentos en los que la vida sea dichosa y placentera, llena de abundantes bienes de esa misma tierra, bendecida por Dios. Al igual que en la predicación profética en general del Antiguo Testamento, y en la mentalidad de los apócrifos de ese mismo Testamento, Dios proveerá con grandes riquezas materiales a sus justos que vivirán una vida dichosa como en una “Jauja” feliz.

En mi opinión, como veremos, el reino de Dios de Jesús –que comienza también con una etapa previa que es su opredicación de la venida del Reino, y cuya primera fase se corresponde bien con la etapa plena de Juan Bautista después del juicio-, se concibe igualmente como que se realizará en la tierra de Israel. en conjunto no parece aventurado afirmar que ambas concepciones -las de Juan Bauista y Jesús- comparten en buena medida estos rasgos.

Y éste es el marco ideológico y las propuestas del Bautista que en su conjunto debieron de atraer poderosamente a Jesús desde Nazaret…, tanto que dejó su trabajo y se fue a recibir el bautismo de manos de Juan.

Si esto es así, tenemos ya un punto de partida seguro, desde el punto de vista de la teología, para situar a Jesús ideológicamente: Jesús comienza su periplo con una mentalidad que acepta el marco interpretativo de la historia que le ofrece el Bautista. Luego habrá que ver cómo evoluciona Jesús, si cambia o no sustancialmente este marco y qué ideas nuevas aporta.

Igualmente hay que señalar, como ya lo hicimos, que Juan Bautista sólo tiene en mente que esa segunda etapa -que podemos llamar también “reino de Dios” en la tierra- es sólo, o muy principalmente, para judíos convertidos. No parece haber en la mentalidad del Bautista –como veremos que también ocurre en Jesús- ninguna mentalidad universalista.

Señalaba Fernando Bermejo que

“Los destinatarios de la predicación del judío Juan Bautista fueran sólo judíos parece estar fuera de duda”. “El texto de Flavio Josefo (que hemos transcrito en una de las postales anteriores: Antigüedades XVIII 117: “Juan Bautista exhortaba intensamente a los judíos a practicar la virtud, la justicia unos con otros y la piedad para con Dios. (Les decía luego) que se bautizaran”) lo dice explícitamente, y por lo demás se deduce de la visión religiosa del Bautista, del talante global de su mensaje y de la localización de su actividad” (postal del 02-05-07).

Por último señalar que el hombre Jesús debía de tener una cierta –al menos- conciencia de pecado cuando se decidió a recibir el bautismo. De lo contrario, tendríamos que suponer que el acto fue una mera comedia, Y esta suposición me parece aberrante en el marco intelectual de un israelita piadoso en el siglo I.

Por Antonio Piñero

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