T04.8

(T4.8). ¿Está impreso el Nuevo Testamento en orden cronológico?

El lector de hoy lee el Nuevo Testamento en un orden y disposición que viene desde muy antiguo. Esta ordenación procede de los siglos IV y V, y así suele imprimirse el Nuevo Testamento desde la invención de la imprenta. Sin embargo, este orden es un tanto curioso y en algún aspecto puede despistar al lector y no ayudar en absoluto a su comprensión del texto. Conviene que éste tenga en cuenta lo siguiente:

T04.81. Lo primero que encuentra impreso el lector son los Evangelios, más los Hechos de los apóstoles. Como estas obras tratan de Jesús y el autor que viene a continuación, Pablo de Tarso, supone en sus lectores el conocimiento previo de éste, de un modo espontáneo el lector tiende a creer que los Evangelios se compusieron primero, cronológicamente, y luego escribió Pablo sus cartas. Pero esto no es así. Como veremos, la primera composición del Nuevo Testamento es la Carta primera a los tesalonicenses, que fue redactada hacia el 51 d.C. De entre los evangelios, el primero, el de Marcos, fue compuesto hacia el 70/71 d.C., y el último, el de Juan, hacia el 90/100 d.C. Son, por tanto, cronológicamente posteriores. Sería ideal que el lector leyera las obras del Nuevo Testamento en orden cronológico de composición (en tanto y en cuanto puede fijarse), puesto que ello le ayudaría a comprender cómo el Nuevo Testamento es una obra compleja que va evolucionando en sus doctrinas.
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 2. El Nuevo Testamento en su actual formato coloca en primer lugar al Evangelio de Mateo porque se creía antiguamente que este escrito fue el primero en ser compuesto. Hoy sabemos con relativa certeza que el primero en redactarse fue el Evangelio de Marcos. Éste debería ir situado en primer lugar.
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3. El orden actual del Nuevo Testamento separa en partes dos obras que eran una sola: el Evangelio de Lucas y los Hechos de los apóstoles. Como veremos, fueron disociadas simplemente porque no cabían en un rollo normal de papiro. Luego se confirmó la división y se hizo costumbre ya que tenía un cierto fundamento: la primera parte, el Evangelio, trata de la acción del Espíritu en Jesús, mientras que la segunda, los Hechos, aborda fundamentalmente la obra del Espíritu en dos seguidores de Jesús: Pedro en la primera parte (más o menos hasta el capítulo 12), y Pablo en la segunda (más o menos desde el capítulo 13 en adelante). Por tanto, la división de la doble obra de Lucas en dos secciones, que se imprimen distanciadas, puede despistar al lector que olvida fácilmente que una parte, el Evangelio, no puede entenderse bien sin la otra, y a la inversa.
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4. El formato actual separa también físicamente cuatro obras en el Nuevo Testamento que son el producto de una misma «escuela», a la que denominamos «Grupo o Escuela de Juan». Estas obras son: el Evangelio de Juan y las tres epístolas johánicas. Como veremos, parece cierto que esas obras no fueron compuestas por un mismo autor, aunque a la vez parece también seguro que sus autores pertenecen al mismo grupo teológico. La separación física de tales obras en el orden normal del Nuevo Testamento tampoco ayuda a la comprensión del lector.
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5. El Corpus paulino no está dispuesto por orden cronológico en nuestras ediciones del Nuevo Testamento. Justamente la primera epístola con la que se encuentra el lector es Romanos, ¡que es cronológicamente la última! En Pablo, al igual que en otros conjuntos del Nuevo Testamento, es importante leer las cartas paulinas según su orden temporal de composición, porque Pablo va progresando en su pensamiento. 
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La disposición actual está curiosamente ordenada por algo que en sí tiene muy poca importancia: el tamaño de las cartas: de mayor a menor según tres bloques: Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas/Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón. Curiosamente esta disposición produce otros efectos nocivos como vemos a continuación.
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6. Dentro del Corpus paulino la disposición actual del Nuevo Testamento mezcla en un cierto revoltijo cartas auténticas de Pablo con otras que fueron escritas por sus discípulos («pseudónimas»). Así, por ejemplo, Efesios, que tiene una mentalidad teológica particular, va colocada entre Gálatas y Filipenses, que siguen una misma línea teológica.
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7. Hay muchos autores que sostienen que ayudaría mucho a la comprensión del Nuevo Testamento sacar a las Epístolas pastorales del lugar en donde están colocadas y situarlas junto con las denominadas «Epístolas católicas» o «universales» (Santiago, 1 y 2 Pedro, Judas), a la vez que se elimina de esa división a las tres epístolas johánicas que, como hemos indicado ya, forman un claro grupo aparte. La colocación actual dentro del corpus paulino —se argumenta— ayuda poco a entenderlas bien.
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8. Las llamadas Epístolas «católicas» o «universales», es decir, dirigidas no a una comunidad particular de la Iglesia sino a todas, no son en realidad «universales». Como veremos en los capítulos correspondientes, al menos 3 Juan está dirigida a una persona en concreto, y 2 Juan y 1 Pedro están escritas para una o unas determinadas iglesias particulares. Sólo el encabezamiento de 2 Pedro y parcialmente el de Santiago (Hebreos no tiene encabezamiento y, por tanto, puede considerarse «carta universal», aunque no fue compuesta por Pablo) hacen justicia a esa ordenación y agrupación como «epístolas universales».
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En síntesis: la disposición u orden, y el modo actual de imprimir el Nuevo Testamento no ayudan precisamente al lector a entenderlo bien.

(Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero, Pág. 29-31)

.Aunque los estudiosos de la Biblia difieren en la fecha exacta de cuándo se escribieron los libros del Nuevo Testamento, el orden de redacción de los libros es aproximadamente como se sugiere:

Libro Fecha (D.C.)
Epístola de Santiago 45-49 d.C.
Epístola a los Gálatas 49 d. C.
1ra y 2da Tesalonicenses 51 d. C.
Evangelio de Marcos 50s o 60s d. C.
Evangelio de Mateo 50s o 60s d. C.
1ra de Corintios 55 d. C.
2da de Corintios 56 d. C.
Epístola a los Romanos 57-58 d. C.
Evangelio de Lucas 60 d. C.
Hechos de los Apóstoles 61 d. C.
Epístolas de Colosenses y Efesios 61 d. C.
Epístolas de Filipenses y Filemón 63 d. C.
1ra de Pedro 63-64 d. C.
1ra de Timoteo 63-66 d. C.
Tito 63-66 d. C.
Hebreos 64-68 d. C.
2da de Pedro 66 d. C.
2da de Timoteo 67 d. C.
Judas 68-80 d. C.
Evangelio de Juan 85-90d. C.
1ra, 2da y 3ra de Juan 85-90 d. C.
Apocalipsis 90-95 d. C.

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