(T4.15). ¿Como se ha transmitido el Nuevo Testamento a nosotros?

¿Cómo se ha transmitido hasta hoy el contenido del Nuevo Testamento? ¿Se han encontrado textos del Nuevo Testamento entre los manuscritos del mar Muerto? ¿Cómo podemos reconstruir hoy día el texto original? ¿Tenemos un texto igual o parecido al que escribieron los autores del Nuevo Testamento hace tantos siglos, o uno corrupto o incompleto? ¿Cuál es el texto inspirado por el Espíritu Santo? Estas preguntas implican también otras no menos importantes: ante la necesidad de verter el texto griego al castellano, ¿podemos fiarnos de las traducciones del Nuevo Testamento que hay en el mercado? ¿Manipulan las iglesias las traducciones?

 

T04.15¿Cómo se ha transmitido el texto del Nuevo testamento?

En un tiempo como el nuestro, en el que se hacen inmensas tiradas de libros que son copias perfectas unos de otros, es difícil imaginar cuán ardua era hacer una copia fiel de un libro cuando no existía aún la imprenta. Era prácticamente imposible. Los libros se escribían y copiaban a mano (de ahí la denominación de «manuscritos») en un proceso lento, laborioso y costoso, sometido a toda clase de alteraciones, voluntarias o no, por parte del copista. En consecuencia, en la Antigüedad ninguna copia era exactamente igual al original, lo que significa que todos los manuscritos antiguos que contienen todo o parte del Nuevo Testamento difieren (algunas veces grandemente) entre sí.

No se han conservado los originales (denominados «autógrafos») de los diversos libros del Nuevo Testamento, sólo copias. Si se hubiese conservado la primera edición de alguno de ellos en alguna iglesia o depósito, bastaría consultarla para ver en qué se había separado cada copia de su modelo. Pero esto no es posible. Nuestro único acceso a ellos es a través de copias más o menos cercanas a lo que salió de manos del autor. Existe una rama de la filología que se ocupa de tales copias, de estudiarlas a fondo y del modo cómo a través de ellas podemos acercarnos lo más posible a esos originales perdidos.

Esta ciencia se llama «crítica textual», y su misión es múltiple aunque orientada a un único objetivo: presentar, o reproducir por medio de la imprenta, un texto seguido de un libro antiguo de modo que el lector moderno tenga la seguridad de que lo que lee se parece lo más posible a lo que salió de la pluma del autor. Para conseguir este fin la crítica ha de efectuar los procesos siguientes: 

• Recoger, ordenar, y organizar los manuscritos, en nuestro caso del Nuevo Testamento. 
• Examinar dónde se han producido errores o alteraciones del texto y estudiar el porqué de las mismas.
• Evaluar las variantes que presentan los manuscritos (a veces se llaman también «testigos» del texto) y deducir cuál de ellas se acerca más a lo que se imagina el original.

(Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero, Pág. 63-64)

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