(T4.14). ¿Cuando apareció el canon de Escrituras cristianas?

A pesar de estas circunstancias, ocurrió que a finales del siglo II, o comienzos del III, encontramos entre los cristianos un nuevo canon de escritos sagrados bastante bien conformado, que en sus líneas más importantes era bastante parecido al que tenemos hoy.

Esto lo sabemos con relativa certeza por el testimonio de diversos escritores eclesiásticos que dan fe de la existencia de ese canon hacia el año 200 en diversas partes de la cristiandad: 

T04.14• En primer lugar, en Roma. Hacia el 200 un desconocido compuso una lista de los libros que debían considerarse sagrados, que hoy se llama (en honor a su descubridor) Canon o Fragmento de Muratori. Este texto indica que a principios del siglo III eran ya canónicos en Roma los 4 evangelios (Mateo, Marcos, Lucas, Juan); los Hechos de los apóstoles; 13 epístolas de Pablo (falta Hebreos); dos epístolas de Juan y una de Judas; dos Apocalipsis, de Juan y Pedro. En total 23 escritos de los 27 que son canónicos hoy. Faltan por canonizar la 3 Juan, 1 y 2 Pedro, Santiago, Hebreo, y sobra el Apocalipsis de Pedro y el Libro de la Sabiduría (extrañamente mencionado en esa lista como un libro del Nuevo Testamento).

• El importante testimonio de Ireneo de Lyón da fe de la existencia de un canon en las Galias y Asia menor, en donde había nacido. En su obra Contra las herejías, escrita hacia el 180, son tenidos como canónicos: los 4 evangelios; 12 epístolas paulinas (falta Filemón) y 1 Pedro, 1 y 2 Juan, Santiago y Apocalipsis (faltan 2 Pedro, 3 Juan y Judas). Tertuliano, para el norte de África, también hacia el 200, cita ya como Escritura todos los escritos de nuestro actual Nuevo Testamento, salvo 2 Pedro, Santiago, 2 y 3 Juan. La Epístola a los hebreos es atribuida a Bernabé.
• Por último, para Egipto tenemos como testigo a Clemente de Alejandría (hacia el 200-210). Este Padre de la Iglesia cita unas dos mil veces textos que hoy forman parte del Nuevo Testamento. Clemente tiene como canónicos los cuatro evangelios, todas las epístolas del corpus paulino, incluido Hebreos y el resto de las epístolas, menos 3 Juan, 2 Pedro y Santiago.

Resulta interesante que todos estos escritores, incluido el desconocido autor del Canon muratoriano, distingan ya claramente entre «escritura auténtica» y «apócrifa». Así el citado fragmento de Muratori rechaza expresamente como falsos cualesquiera otros evangelios de los muchos que circulaban excepto los cuatro conocidos; y considera apócrifas dos epístolas de Pablo (a los alejandrinos y a los laodiceos) y el Pastor de Hermas. Vemos, pues, que hacia el 200 se ha producido un notable cambio. Por un lado, decíamos no ver motivos suficientes para que la Iglesia creara un canon de escritos sagrados; y, por otro, unos decenios más tarde tenemos un canon bastante bien formado. En las comunidades cristianas ya extendidas por los cuatro puntos cardinales de la cuenca mediterránea el canon del Nuevo Testamento era bastante parecido al de hoy, y se rechazaban ciertos apócrifos como la Predicación de Pedro, etc., igualmente espurios hoy.

(Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero, Pág. 47-48)

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