T04.17

(T4.17). ¿Existen textos del Nuevo Testamento entre los manuscritos del mar Muerto?

Detrás de los famosos rollos del mar Muerto se encuentra muy probablemente la secta judía de los esenios, en especial una rama de ella que se retiró de la vida pública por no estar de acuerdo con ciertas normas legales, con el calendario de los demás judíos ni con el modo como se practicaba el culto en el Templo.

T04.17Respondamos directamente a la cuestión planteada: después de que se han editado ya prácticamente todos los manuscritos de interés descubiertos en el mar Muerto con un cuidado filológico extraordinario podemos decir sin temor a equivocarnos que no existen entre esos textos de Qumrán o del mar Muerto pasajes o fragmentos del Nuevo Testamento. Tampoco hay en ellos alusiones a Jesús, a sus discípulos ni a nada que se refiera al cristianismo. Las afirmaciones en contrario son fantasías de escritos pseudocientíficos o ganas de llamar la atención para obtener ganancias pecuniarias con noticias sensacionalistas. 


7q4Hoy día parece ya resuelta una cuestión científica de importancia suscitada en 1972. En este año José O’Callaghan, jesuita español ya fallecido, profesor entonces del Instituto Bíblico de Roma, creyó poder demostrar que algunas obras neotestamentarias habían sido copiadas en Qumrán. Los resultados de sus investigaciones fueron publicados en la revista Bíblica, órgano de ese mismo Instituto. Sobre todo llamó la atención del mundo científico la hipótesis de O’Callaghan de que en la cueva VII de Qumrán (7Q) se podría haber encontrado un fragmento (el número 5, de ahí 7Q5) del Evangelio de Marcos, en concreto 6,52-53. Afirmaba también que en la misma cueva se habían hallado restos de copias de otros libros del Nuevo Testamento: Hechos de los apóstoles, Romanos, 1 Timoteo, Epístola de Santiago.
10.1 Papiro 7Q5 y su traducción 2
La hipótesis fue una verdadera bomba en el mundo científico, porque —de ser cierta— escritos cristianos considerados hasta el momento como tardíos (es decir, compuestos entre el 70 y el 100 d.C.) habrían sido redactados y difundidos antes del año 60. En el 68 fue aniquilado Qumrán por los romanos, por tanto, habría que pensar en unos años antes para que esos textos fueran compuestos, se difundieran, adquirieran fama y fueran copiados allí. Además el texto de tales fragmentos coincidiría sustancialmente con la forma textual en la que los conocemos hoy, lo que indicaría que la transmisión manuscrita desde los primeros momentos había sido absolutamente fiable.

Según la hipótesis de O’Callaghan habría que modificar no sólo la cronología del Nuevo Testamento, es decir, la fecha de composición de sus escritos, sino todas las ideas sobre cómo evolucionó la teología del cristianismo primitivo a lo largo de la segunda mitad del siglo I y primeros años del II, evolución que la ciencia histórica había ido formando trabajosamente a lo largo de los últimos doscientos años. Por ejemplo: una obra como los Hechos de los apóstoles, cuya mentalidad teológica se emplazaba hasta el momento entre los años 90-100 d.C., ¡debía adelantarse por lo menos cincuenta años en su fecha de composición!

Desgraciadamente, la teoría del investigador español estaba llena de dificultades. Ciñéndonos al caso más importante, el del Evangelio de Marcos, debemos señalar que de las aproximadamente 20 letras conservadas en el fragmento 7Q5 de Qumrán sólo se identifican bien 14; las otras 6 deben leerse de un modo algo distinto al usual y, lo que es más grave, para que este fragmentito concuerde con el texto de nuestro evangelio actual habría que suponer en un pasaje tan breve —Marcos 6,52-53— nada menos que la omisión de tres palabras, omisión que no aparece en ninguno de los 2.400 manuscritos que poseemos del Evangelio. Diversas combinaciones con las letras claramente legibles, efectuadas por un ordenador, han dado la posibilidad de que ese pequeño fragmento fuera identificable, también con leves diferencias, con otros textos del Antiguo Testamento o de los Apócrifos, o incluso con algún pasaje de la literatura griega clásica.

Pero el reciente descubrimiento de que cada hoja de papiro es identificable porque sus fibras tienen una disposición especial y única, casi como una huella digital, demuestra que 7Q5 forma parte de otro trozo suelto de un manuscrito descubierto en la misma cueva que 7Q5. Ambos fragmentos fueron escritos en la misma hoja de papiro. Como el texto del segundo trozo es más amplio, se ha podido identificar sin duda alguna como parte del antiguo Libro de Henoc. Por tanto 7Q5 forma otra parte de ese mismo libro. La identificación con el Evangelio de Marcos parece, pues, imposible. Igualmente se ha procedido con otros presuntos fragmentos del Nuevo Testamento en Qumrán, identificados como partes de obras que no pertenecen al Nuevo Testamento. 

En conclusión: no hay textos del Nuevo Testamento entre los manuscritos del mar Muerto.

Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero, Pág. 66-69)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s