T04.16

(T4.16). ¿Que textos más antiguos existen del Nuevo Testamento?

Hoy día, en números redondos, tenemos los siguientes testigos del texto del Nuevo Testamento (la mayoría de ellos no lo traen completo; abundan más los que presentan sólo los evangelios): 

• Unos 116 papiros. Se designan con la letra P y un número voladito o exponencial. Así, por ejemplo, P 52. Hubo en todas partes, pero los que se conservan hasta hoy proceden prácticamente todos de Egipto gracias a la sequedad de su clima y datan de los siglos II al VII; la mayoría son de los siglos III-IV. Por su antigüedad son de extrema importancia para reconstruir el texto del Nuevo Testamento. Su contrapartida es que la mayoría son sólo fragmentos, algunos muy pequeños.

T04.16• Otros manuscritos no transmitidos en papiro. Normalmente se trata de pergamino de diversos animales, aunque a partir del siglo XIII se observa también el uso del papel. Suelen dividirse en: 

— Manuscritos que emplean sólo letras mayúsculas. Se denominan «unciales» (del latín uncialis, «del tamaño de una pulgada») o «mayúsculos» (sus letras medían aproximadamente una pulgada). Suelen presentar un texto seguido, sin separación de palabras, y los signos de puntuación o división de párrafos son muy escasos, y cada uno a su manera. Se designan con una letra mayúscula, romana o griega, o con números arábigos antecedidos del cero. Así: A V 01 04, etc. Cuando se acabaron las letras del alfabeto latino, se utilizaron las del hebreo o el griego. Así ℵ significa el manuscrito Sinaítico (siglo IV; también 01); Θ es igual al códice Koridethi (siglo IX; también 038). Hay unos 300 unciales.

— «Minúsculos», o manuscritos copiados en letra minúscula. Casi todos pro-ceden del siglo IX en adelante. Se designan con números arábigos sin el cero delante, y se suelen agrupar en familias (sigla f) para mayor facilidad de manejo. Suman unos 2.800. «Leccionarios»: son libros con selecciones de textos del Antiguo y Nuevo Testamento, utilizados para las lecturas en las funciones litúrgicas. Los hay escritos en mayúsculas y en minúsculas, pero no los hay del Apocalipsis. Los leccionarios suman unos 2.800.

• Antiguas traducciones a lenguas de las distintas iglesias de la primera época del cristianismo: al latín (Italia, norte de África, Hispania, Galia), siríaco, copto (Egipto), gótico (tierras germánicas), etíope, etc. Su valor como testigo del texto antiguo varía en razón del manuscrito base del que fueron traducidas y de la antigüedad de la versión misma. Entre las más valiosas destacan: la Vetus syra, o versión siríaca antigua, con sus diversas ramificaciones; la Vetus latina, o versión latina antigua; la Vulgata (edición de san Jerónimo) y la traducción copta o egipcia, con dos variantes principales: el dialecto del sur, o bohaírico, y el del norte, o sahídico.

• A este panorama hay que añadir el inmenso número de citas del Nuevo Testamento que pueden recogerse de las obras de los Padres de la Iglesia desde el siglo II al IV y V. No es de despreciar el valor de estas citas para reconstruir el original, por dos razones sobre todo. Primera, porque son citas antiguas, la mayoría de las veces anteriores a las de los mejores manuscritos. Segunda, porque se puede precisar el origen geográfico de esas citas, con lo que ayudan a la determinación de tipos textuales locales, y a pergeñar la historia de los textos y sus variaciones geográficas en general. Las citas de los Padres tienen, sin embargo, sus inconvenientes: muchas de ellas fueron hechas de memoria. En los casos en los que esta sospecha adquiera visos de certeza, tales citas deben ser descartadas como ayuda a la reconstrucción del texto neo-testamentario. En segundo lugar: a veces no se puede determinar con exactitud el tenor de la cita por variantes internas de los manuscritos que transmiten el texto del Padre de la Iglesia en cuestión.

El formato de estos «testigos» del Nuevo Testamento es muy uniforme. Aunque las copias más antiguas debían tener el formato de rollo, lo cierto es que no se ha conservado ninguno. Todos los manuscritos descubiertos del Nuevo Testamento, incluso los más antiguos, tienen ya el formato de códice o libro.

La mayoría de los testigos son incompletos. Sólo tres unciales o «mayúsculos» (ℵ/01; A/02; C/04) y 56 «minúsculos» contienen el texto completo del Nuevo Testamento. Dos unciales y unos 150 minúsculos no tienen el Apocalipsis. Los Evangelios se encuentran en unos 2.400 manuscritos; los Hechos de los apóstoles y las llamadas «Epístolas católicas» en unos 660; los que conservan las cartas de Pablo se acercan a los 800, y los del Apocalipsis sólo a los 300.

Respecto a su fecha de copia puede decirse que el 65% proceden de los siglos XI al XIV, mientras que menos del 3% procede de los cinco primeros siglos.

(Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero, Pág. 64-66)

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