T04.13

(T4.13). ¿Quienes eran las autoridades del cristianismo primitivo?

El cristianismo antiguo se sentía muy seguro de sus ideas porque tenía autoridades que le señalaban el camino. Eran las siguientes:

a) Las escrituras Judías:
La primera autoridad eran las Escrituras judías. Indicamos en el capítulo anterior que el nuevo grupo judeocristiano aceptó sin más y como algo obvio el conjunto de libros que hoy llamamos «Antiguo Testamento» como Escritura sagrada. Los judeocristianos que creían en Jesús como el mesías y se sentían el verdadero Israel pensaban que ellos eran los que comprendían bien esas Escrituras que anunciaban al mesías. Esas Escrituras eran suyas de verdad, pues proclamaban de antemano lo que había ocurrido con Jesús: las profecías se habían cumplido y la salvación había comenzado con Jesús. Además, como el final del mundo estaba muy cerca, ¿para qué preocuparse de nuevos textos sagrados?

T04.13Estudiando las fórmulas utilizadas por los cristianos para citar estos textos veterotestamentarios como sagrada Escritura podemos luego saber cuándo los escritos cristianos tienen el mismo rango que el Antiguo Testamento. Si vemos que los cristianos emplean para sus escritos las mismas fórmulas de citación que para el Antiguo Testamento, sabremos que esos nuevos textos son tan sagrados como los antiguos. Así, si se emplea para introducir una cita de los evangelios o de Pablo un encabezamiento como «Así dice el Espíritu Santo» o «Así dice la Escritura» o «Como está escrito» o el término «Escritura» (2 Pedro 3,16, único caso en el Nuevo Testamento), sabremos que el texto de esa cita neotestamentaria es tan sagrado como un profeta del Antiguo Testamento o como la ley de Moisés.

b) Las Palabras del Señor:

jesus predicandoLa segunda autoridad era la tradición sobre las palabras del Señor. Además del Antiguo Testamento, los cristianos como grupo sentían que la tradición sobre las palabras del Señor tenía valor de norma. Durante su actividad como predicador profético Jesús había proclamado que hablaba con una autoridad similar a la de la Ley judía, puesto que sus sentencias no eran otra cosa que interpretaciones sustanciales de esa misma Ley, que corregían, matizaban o enmendaban otras opiniones de rabinos anteriores o contemporáneos. No es extraño por tanto que la Iglesia primitiva rememorara las palabras de su Señor —al que, además, creían vivo en espíritu entre ellos—, hiciera uso de ellas en la predicación oral, las reuniera en colecciones y las citara al lado de la Ley y los Profetas considerándolas de igual altura espiritual.

c) Los Apóstoles y Maestros Cristianos: 

apostolesLa tercera autoridad eran los apóstoles y detrás de ellos los maestros cristianos. Paralelamente a las Palabras del Señor corrían entre los cristianos sentencias de los «apóstoles» y primeros maestros y profetas cristianos, que habían vivido con Jesús o se habían unido al grupo en los primeros momentos tras su muerte. Estas sentencias reproducían palabras de Jesús o bien interpretaban la vida y el mensaje del Maestro. Por tanto tenían también valor de norma.

d) El Espíritu de Jesús: 

fotojesus_espiritu2La cuarta autoridad era el Espíritu de Jesús. Al parecer, la dirección de las comunidades cristianas que no estaban integradas en alguna sinagoga se hallaba a cargo de maestros y apóstoles itinerantes, pero también y, sobre todo, de profetas. Éstos, convencidos de la fuerza e inspiración del Espíritu de Jesús que habitaba en ellos, reproducían o interpretaban las palabras del Señor, las acomodaban a los momentos presentes y exhortaban a los fieles a la perseverancia. Por medio de sueños y visiones del mundo futuro que se avecinaba, del fin del universo, de la venida del Hijo del hombre, etc., reinterpretaban o creaban un cuerpo de «palabras del Señor» acomodadas a las necesidades concretas de la comunidad donde se pronunciaban.

wpid-featuredImage.pngEn síntesis:

Al principio de su andadura este conjunto de «autoridades» (Antiguo Testamento, palabras de Jesús, tradición de los apóstoles y sus sucesores, el Espíritu) le bastaban como norma al cristianismo primitivo. Sobre todo la conciencia de poseer el Espíritu, es decir, que a través de los profetas comunitarios el Señor hablaba y ordenaba a la comunidad, tampoco favorecía la creación de otra norma escrita. No existía por tanto en el cristianismo primitivo ningún ambiente, ningún condicionante claro que impulsara la creación de un nuevo corpus de Escrituras sagradas.

(Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero, Pág. 45)
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