T04.20

(T4.20). ¿Se podria reconstruir en lo posible el texto original del Nuevo Testamento?

A lo largo de muchos siglos de estudios de los manuscritos —desde la primera edición del Nuevo Testamento, la Complutense del cardenal Cisneros hasta hoy—, después de muchos análisis de los modos de copiar por parte de los escribas, y después de un concienzudo estudio de las vicisitudes geográficas de las diferentes corrientes de textos, la ciencia filológica se ha ido formando una serie de criterios que tiende fundamentalmente a fijar un método para ejecutar bien la tarea de ponderar y estimar el valor de las lecturas variantes que presentan los manuscritos.

T04.20En general los progresos del estudio del Nuevo Testamento han sido pro-movidos por investigadores protestantes, pero los comienzos de la crítica textual florecieron en campo católico. El mérito de la primera edición del Nuevo Testamento griego corresponde a la Biblia Políglota Complutense (1514). Sin embargo, la verdadera expansión y aprecio por el texto griego entre los estudiosos sólo se produjo tras la edición de Erasmo de Rótterdam de 1516. Ésta, aunque posterior, se adelantó de hecho en el mercado al retrasarse el permiso papal para la difusión del texto complutense. Tuvo tal éxito el texto griego erasmiano a pesar de sus innumerables defectos (por ejemplo, se basó en manuscritos de pésima calidad), que pronto se convirtió en «universalmente reconocido» (textus receptus) e intocable. Nadie se atrevió a modificarlo durante siglos, aunque en sucesivas ediciones, en las notas al texto, se iban acumulando variantes de los nuevos manuscritos descubiertos en las bibliotecas y muchas sugerencias para mejorarlo.

Fue realmente el siglo XIX el que produjo grandes avances en el estudio y edición del Nuevo Testamento. Investigadores alemanes e ingleses (C. von Tischendorf, B. f. Westcott y f. J. A. Hort) sentaron las bases de un texto que dura hasta hoy, sacando a la luz estudios críticos y nuevas ediciones. En contra de la edición erasmiana, fundamentada en manuscritos tardíos del tipo llamado «eclesiástico» o bizantino, estos investigadores prepararon un Nuevo Testamento griego basado en papiros y manuscritos alejandrinos del Nuevo Testamento (siglos III y IV, que se separaba muchísimo del usado hasta el momento. 

Desde esos años hasta hoy la ciencia no ha hecho más que perfeccionar y pulir los métodos de edición diseñados en el siglo XIX, que son en síntesis los siguientes:

1. El paso previo del trabajo crítico sobre el texto de los manuscritos del Nuevo Testamento es lo que se llama «colacionar» un manuscrito: transcribir exactamente lo que presenta un testigo de-terminado. Es decir, leerlo atentísimamente e imprimir en caracteres modernos palabra por palabra el texto del manuscrito en cuestión con todos sus errores. Luego hay que corregir los que son errores evidentes de ortografía o transcripción.
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2. «Colacionados» los manuscritos hay que agruparlos por familias o grupos para reducir a un número razonable y manejable el número de manuscritos que apoyan tal o cual lectura variante.Este paso previo de colación y agrupación se ha realizado ya en la actualidad con todos los manuscritos existentes gracias a los trabajos de estudiosos desde hace más de un siglo. Existe en la actualidad en la ciudad de Münster, en Alemania, un instituto especializado en estas tareas de estudio y reconstrucción del texto del Nuevo Testamento. Allí se archivan las fotografías, o microfilmes, de todos los testigos del texto neotestamentario.

El método de agrupación de los manuscritos se hace del siguiente modo: una vez que desde el siglo pasado se conocen las características de los tipos textuales que enumeramos más arriba, se eligen una serie de variantes significativas de cada uno de estos tipos (hay también subtipos que no hemos querido nombrar, para no abrumar al lector) en un número elevado, unas ochocientas o mil. Las lecturas del manuscrito que se desea clasificar se contrastan con estas variantes, se tabulan en un ordenador y se comparan con los grupos de variantes de otros manuscritos, familias o tipos. Gracias a este análisis es posible, con abundante trabajo, situar fidedignamente a un manuscrito determinado dentro de un grupo, o bien declararlo un caso aparte.

3. Cuando ya se tienen ante los ojos todas las variantes ordena-das de una obra del Nuevo Testamento, un evangelio, por ejemplo, por orden de capítulos y versículos, o de un pasaje determinado, llega el momento de estimar cuál de esas variantes tiene más posibilidades de ser la original. Para ello, el estudio de siglos ha ido decantando una serie de normas o criterios de selección.

Éstos se dividen en normas o criterios extrínsecos a las variantes y en criterios intrínsecos a ellas.

Los criterios extrínsecos tienen en consideración:

• La fecha de los manuscritos
• Su procedencia o distribución geográfica
• Su posible relación de parentesco (la misma lectura variante apoyada por un manuscrito y otro copiado de éste no son dos «apoyos» a esa variante, sino uno).

Los criterios intrínsecos son los que estudian:

• El modo de copiar de los escribas para tener en cuenta sus posibles errores
• Qué es lo que el autor original pudo haber escrito (su estilo, vocabulario, contexto, su pensamiento teológico, etc.).

Sobre esta base, una lectura variante tiene más probabilidades de ser original, por criterios extrínsecos, cuando los manuscritos que la apoyan:

-Son más, es decir, hay un mayor número de manuscritos que apoyan tal o cual lectura, o, mejor, un mayor número de familias de manuscritos, teniendo en cuenta la calidad general de tales familias;-Son los más antiguos, es decir, más cercanos a los «autógrafos»;-Son los mejores, es decir, si están mejor copiados, más cuidados, etc. Vale más un número menor de manuscritos, pero de mejor calidad, que muchos y dudosos. De ahí el adagio «Los manuscritos se valoran, no se cuentan simplemente» (en latín: manuscripta ponderantur, non numerantur);

-Proceden de lugares geográficos distintos, es decir, la variante está atestiguada en diversos lugares.

Por criterios interiores o intrínsecos, una lectura variante tiene más probabilidades de ser original cuando presenta una lectura que:

-Es la más difícil, es decir, cuando es un texto un tanto complicado a primera vista y pudo dar lugar a que un copista la corrigiera para facilitar las cosas. Esta norma ha dado lugar a otro adagio latino: Lectio difficilior, potior: «Es preferible la lectura más difícil»;-Es la más breve. Norma también clásica: es más fácil que un escriba amplíe que acorte. Otro adagio latino consagrado: Lectio brevior, potior: «La lectura más breve es la preferible»;-Se aviene mejor con el contexto de la frase, del párrafo o de la obra en la que se encuentra;

-Puede explicar el origen de otras variantes: es preferible la variante que da razón del surgimiento de otras.

La lectura preferible e ideal será aquélla que reúna en su favor criterios extrínsecos e intrínsecos. Como se ve, el análisis requiere el dominio de una cierta técnica. Hoy día el texto del Nuevo Testamento no lo establece el criterio de una sola persona, sino normalmente un comité de expertos que decide sobre cada variante de acuerdo con sus méritos externos e internos. Esto aumenta la certeza de haber tomado una decisión correcta.

Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero, Pág. 71-74)

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