T04.22

(T4.22). ¿Son de fiar las traducciones del Nuevo Testamento que se hayan en el mercado? ¿Manipulan las iglesias las traducciones?

Es ésta una cuestión también candente para muchos que no saben griego y que acceden al Nuevo Testamento, a su lectura o estudio, sólo a través de versiones modernas. A esta pregunta puede darse una respuesta en líneas generales basada en el análisis de las versiones y en el tenor de la práctica actual de la traducción bíblica en muy diversos países: podemos fiarnos relativamente, aunque en pasajes comprometidos que afectan sobre todo a disputas entre diversas confesiones cristianas hay que ser extremadamente cautos. En el caso de pasajes difíciles sería conveniente que el lector que no sabe griego consulte no una sino varias versiones del Nuevo Testamento y, si le es posible, algún comentario fiable del texto. En la Bibliografía señalamos y comentamos brevemente varias versiones modernas de la Biblia al castellano.
T04.22Al margen de los pasajes comprometidos, podemos adoptar una actitud de confianza relativa respecto a las versiones modernas de la Biblia. Hoy día las traducciones a lenguas modernas no son obra de una sola persona, sino de equipos, y suelen pasar por varios filtros. Además existen en el mercado (sobre todo fuera de España) traducciones interconfesionales, es decir, hechas por especialistas de distintas iglesias cristianas, en el pasado muy enfrentadas entre sí. Por ello, las traducciones a lenguas modernas tienden hoy a parecerse cada vez más unas a otras, salvo las peculiaridades de estilo, y el tono literario de la versión en concreto.

Además, las traducciones de un texto antiguo importan muchas veces menos que la interpretación. Por ejemplo, las versiones a lenguas de hoy de la institución de la eucaristía son casi idénticas, pues el texto griego base es prácticamente igual para todos. Sin embargo, las divergencias de interpretación del texto sobre si la presencia de Jesús en las especies eucarísticas es simbólica o real siguen siendo insalvables entre protestantes y católicos. Otro caso es el del primado de Pedro (Mateo 16,16). El texto base griego que se traduce no tiene variantes de importancia, pero la interpretación, que afecta tan de lleno a la autoridad del Papa, es muy divergente.

biblia de jerusalenEl lector de hoy tiene derecho a una traducción lo más exacta y rigurosa posible del texto griego neotestamentario, incluidas sus oscuridades, traducción que no se vea afectada por tendencias confesionales. Para que cada confesión religiosa presente ante sus adeptos sus propias interpretaciones están las notas a pie de página. En algunas versiones modernas estas aclaraciones son abundantes, sobre todo en las traducciones católicas. Estas notas aclaran con nitidez cuál es la interpretación ortodoxa de los pasajes controvertidos. Un ejemplo de defensa, bien argumentada, de las posiciones católicas es la Biblia de Jerusalén. Basta con eso: no hay, normalmente, necesidad de manipular ni el texto base ni la traducción.

A pesar de estas consideraciones, ¿existen casos de manipulación en las versiones modernas del Nuevo Testamento? Sí existen, y voy a señalar unos pocos.

El primero se da sobre todo en ambiente anglosajón por la reciente tendencia a presentar un texto «políticamente correcto», no sesgado en el ámbito de la posible discriminación sexual, de razas, etc., o para evitar el antisemitismo claro de algunos pasajes del Nuevo Testamento. Eso ha llevado a lo que se ha denominado «traducciones con un lenguaje inclusivo», que tiende a eliminar de las versiones modernas el «machismo» imperante en las sociedades en las que se gestaron los textos sagrados. Así se evita llamar «Padre» a Dios, se suaviza el tenor de los pasajes de la Biblia que contienen críticas a las mujeres (como, por ejemplo, Proverbios 30-31), o se disimula la exaltación del varón, tan normal en el ambiente de unos textos antiguos, prácticamente todos redactados desde el punto de vista de los varones. En los pasajes claramente antijudíos, por ejemplo, del Cuarto Evangelio, se suele cambiar la expresión «los judíos» por los «dirigentes del pueblo». En realidad, de este modo se cambia lo que el autor quiso decir o transmitir a sus lectores cuando redactó la obra.

El segundo ejemplo se refiere a la traducción de Mateo 1,25. El texto griego dice literalmente: «Y [José] no la conoció [es decir, no tuvo relaciones sexuales con María] hasta que [en griego héôs hoû] dio a luz un hijo». Leído normalmente, y a tenor de lo que pensaba la mayoría de la Iglesia antigua hasta bien entrado el siglo II, el texto de Mateo supone que, una vez nacido Jesús, José y María fueron un matrimonio normal que tuvieron otros hijos e hijas (Mateo 12,47 / Marcos 3,32; 6,3). A Mateo lo que le interesaba de verdad era resaltar que el nacimiento de Jesús fue prodigioso, virginal; qué hiciera María después de haber alumbrado al Redentor, no le importaba. Así lo entienden por lo general los protestantes, que admiten la existencia de hermanos y hermanas físicos de Jesús, hijos normales de María y José. 

Pero este texto, así como el de Marcos 6,3, atenta directamente contra el dogma posterior de la perpetua virginidad de María y sólo defiende la virginidad previa al nacimiento de Jesús. Pues bien, muchas versiones al castellano traducen Mateo 1,25 del modo siguiente: «Y sin haberla conocido, dio a luz un hijo…» (Biblia de Jerusalén, 1967), o bien «Sin haber tenido relaciones…» (Biblia de Ediciones Paulinas, 1998). Esta traducción supone hacer fuerza al texto griego que jamás se habría vertido de este modo, si no mediara un interés dogmático previo. La versión enmendada se basa en la presunción de que el evangelista, aunque escribe en griego, piensa en arameo, y que al griego héôs hoû («hasta que») subyace un presunto arameo ad di traducible también por «hasta que» pero que «prescinde» de lo que ocurriera después del primer parto y que tiene el significado propuesto por la versión corregida. Este supuesto se halla muy lejos de estar probado, por lo que mejor hubiera sido haber traducido la frase tal cual y haber añadido una nota, dando la explicación que se estimara conveniente.

Otro ejemplo está relacionado con los pasajes en los que se habla de los «hermanos» de Jesús (Mateo 12,47 / Marcos 3,32; 6,3). En este caso «hermano» se traduce por «pariente» y luego se aclara (normalmente en nota) que se trata de «primos». Ello no tiene justificación, ya que el griego distingue muy bien entre hermano uterino (adelphós, empleado en el texto evangélico) y el de «primo» (anepsiós), ausente de esos mismos pasajes.

Igualmente, la elección positiva y consciente por parte de los traductores de las variantes más ortodoxas en los textos citados más arriba, en contra de los resultados modernos de la crítica textual que prefieren las variantes más difíciles, es un indicio de una cierta manipulación de las traducciones modernas para que resulten acomoda-das a la línea oficial de pensamiento teológico.

Sin embargo, exageraríamos si dijéramos que éstos son casos frecuentes. No lo son. Son infrecuentes, pero deberían desaparecer todos, con lo cual se restablecería la confianza absoluta en que los traductores no se dejan influir por la mentalidad previa de la confesión cristiana a la que pertenecen.

Hay otros casos en los que las traducciones al español pueden no contener una manipulación, sino simplemente ser deficientes o mejorables. También aquí, y en general en cualquier caso en el que se estudie con detenimiento un pasaje concreto, es conveniente consultar varias traducciones. 

Unos ejemplos podrían ser los siguientes:

Colosenses 2,20: El texto griego habla literalmente de los «elementos del mundo» y se refiere a los «Principados y Potestades», seres angélicos que según una creencia de algunos círculos judíos habían transmitido la ley de Moisés a los hombres. La versión de Bover-Cantera en este pasaje (y en otros lugares) traduce «los rudimentos del mundo». Esta expresión tiene poco sentido y apenas se puede entender.- Gálatas 5,12: La versión de la Biblia de Jerusalén es: «¡Ojalá se mutilaran los que os perturban». Una traducción más inteligible sería: «Ojalá se castraran los que os perturban». O en todo caso: «Ojalá se corten el pene quienes os perturban». De este modo se comprende mejor hoy día lo que los lectores de Pablo debieron de entender en su momento.-Gálatas 2,14: La versión de O’Callaghan-Bover (Nuevo Testamento trilingüe) traduce el griego orthopodoûsin como «que no andaba a las derechas». Lo correcto es «a derechas» / «rectamente».

Hay otros casos en los que el griego puede ser difícil. Entonces las traducciones varían mucho de unas a otras. De nuevo se impone la idea de consultar varias versiones al castellano. 

Veamos como ejemplo algunas traducciones del v. 6 de la Carta a Filemón, un texto en apariencia poco dificultoso: 

«Ojalá esta fe sea tan activa que te ilumine plenamente sobre todo el bien que está en tu poder hacer por Cristo» (Biblia de la Editorial San Pablo, 12 1977).«Pido a Dios que la solidaridad propia de tu fe se active al comprender que todos los bienes que tenemos son para Cristo» (Nueva Biblia Española, de Alonso Schökel y Mateos, 51993).«A fin de que tu participación en la fe se haga eficiente mediante el conocimiento perfecto de todo el bien que hay en nosotros en orden a Cristo» (Biblia de Jerusalén, 1967).«Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús» (Edición de la sociedad «Gedeones Internacionales», Madrid, 1998).

«Que la comunicación de tu fe venga a ser eficaz, en orden a Cristo, en el conocimiento de todo el bien que haya en vosotros» (Nacar-Colunga, 15 1976).

«Para que la generosidad de tu fe se haga eficaz en el conocimiento de todo lo bueno que hay en vosotros con miras a Cristo» (Bover-Cantera, BAC, Madrid, 1951).

«[Pidiendo] que tu participación en la fe sea activa en [el] conocimiento de todo el bien [que hay] en nosotros para [gloria de] Cristo» (Cantera-Iglesias, BAC, Madrid, 1975).

Estos casos de una diversidad notable en las traducciones son numerosos. Pero la diversidad misma puede proporcionar indirectamente la tranquilidad al lector de que la Iglesia no puede controlar, o no controla en general, las versiones del Nuevo Testamento.

Como conclusión final de este apartado es justo tranquilizar a los lectores del Nuevo Testamento cuya inmensa mayoría no sabe griego: las traducciones modernas de hoy suelen ser fiables en la mayoría de los casos. Y esto cada vez más, pues sufren muchos controles. De cualquier modo es muy conveniente tener en casa varias Biblias y contrastar las versiones si se desea estudiar en serio un texto del Nuevo Testamento.

Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero, Pág. 77-81)

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