(18.5) [Mt 2:1-12] Los Magos en la Historia Cristiana Posterior (Ep.5)

Mt 2:1-12
La legendaria historia de los “magos” tiene un desarrollo que comienza muy pronto, pues la piedad popular se interesó por estas figuras simpáticas, pero muy poco dibujadas en la narración de Mateo. A mediados del siglo II, el evangelio apócrifo, llamado Protoevangelio de Santiago, son sólo los magos los que acuden a rendir homenaje al mesías, no los pastores del evangelio de Lucas; pero los magos lo hacen en una cueva, no en una casa, como indica expresamente Mateo. Tenemos aquí la fusión de magos con pastores, y de las noticias de Lucas con las de Mateo.

018.5Los magos tuvieron más éxito que los pastores de Lucas. En las pinturas de las catacumbas romanas aparecen ya en el siglo II, mientras que los pastores lo harán dos siglos más tarde, en el IV. Con el éxito de las reliquias entre los cristianos, sobre todo a
partir del siglo IV, cuando la madre del emperador Constantino trajo a Europa restos del lignum crucis, se propagaron también reliquias de los magos. Se dice que a finales del siglo V fueron llevadas desde Persia a Constantinopla, y una parte de ellas pasó a Milán. Posteriormente, en el siglo XII, el emperador Federico Barbarroja, que había hecho una campaña contra Italia, se apoderó de las reliquias y las trasladó a la catedral de Colonia. Todavía se conservan allí, custodiadas en una urna, a su vez en un altar magnífico, que es atracción de los visitantes.

pastores o magosLa figura de los magos, un tanto desdibujada en la narración de Mateo fue enriquecida por la tradición popular. Dijimos antes que el texto del salmo 72 sobre el oro llevado a Jerusalén había ayudado a algunos cristianos a precisar que los magos venían de Arabia. Otros versículos del mismo salmo sirvieron para hacer de los magos unos reyes: “Que los reyes de Sabá y Arabia le ofrezcan (al rey de Israel) sus dones; que le rindan homenaje todos los reyes” (72,10-11). Parece ser que hacia el año 500 esta tradición era ya universal.

El siguiente paso fue precisar el impreciso “magos”: eran tres exactamente. Con toda probabilidad se pensó que cada uno portaba uno de los tres regalos: oro, incienso y mirra. Aquí hay también tradiciones variantes: desde dos reyes, dibujados en las catacumbas de los santos Pedro y Marcelino; cuatro, en las catacumbas de santa Domitila, hasta doce o quince, en listas medievales orientales.

oro_incienzo_y_mirraOtro paso fue darles nombres: En Oriente el primer intento conocido es el de un escrito siríaco, del siglo IV, anónimo, llamado “Cueva de los tesoros”, que los llama Hormizda, rey de Persia; Yazdegerd, rey de Sabá, y Perozad, rey de Arabia. Como se ve es un intento de precisar los nombres uniéndolos a los monarcas respectivos de las posibles regiones de donde proceden los regalos. Más conocida por los cristianos es la tradición occidental que los denomina Melkón o Melchor, Gaspar y Baltasar. La primera mención aparece en una traducción al latín, del siglo VI, de una crónica griega anterior. El autor es anónimo y está recogida en el catálogo de crónicas medievales con el título de Excerpta Latina Barbari.

El Evangelio armenio de la infancia (capítulos 5 y 11; ¿fondo de los siglos VII/VIII?) confirma esta tradición occidental: los magos son tres, a saber, Melkón, rey de los persas; Gaspar, de los indios; Baltasar, de los árabes.

En un tratado denominado Excerpta et collectanea, atribuido quizá sin fundamento a Beda el Venerable, sabio y exegeta de la Biblia, anglosajón, del siglo VII, dice lo siguiente (Brown, p. 199): “Los magos fueron los únicos que entregaron regalos al Señor. Se dice que el primero fue Melchor, una anciano de cabello blanco y larga barba…, que ofreció oro al Señor como rey. El segundo, de nombre Gaspar, joven, imberbe y rubicundo…, lo honró como a Dios con su regalo de incienso, oblación digna de la divinidad. El tercer, negro y muy barbudo, llamado Baltasar…, con su regalo de mirra dio testimonio del Hijo del hombre que iba a morir (en la cruz)”. Por tanto, los regalos son símbolos de los rasgos que caracterizan a Jesús: rey, Dios, redentor sufriente.

El simbolismo de los regalos es mucho más antiguo, pues aparece en la obra de Ireneo de Lyón, Contra las herejías III 9,2, ya a finales del siglo II, y se confirma en un himno del poeta cristiano Prudencio sobre la fiesta de la Epifanía del Señor, el 6 de enero.

Más tarde se desarrolló otra interpretación alegórica de los dones, muy en consonancia con lo dicho: el oro simboliza la virtud; el incienso, la oración; la mirra, el sufrimiento.

El que adoraran a Jesús en una cueva se debe a un esfuerzo imaginativo cristiano al interpretar la noticia de Lucas de que al nacer Jesús, al no haber sitio en la posada de Belén, fue depositado por su madre en “un pesebre” (Lc 2, 7). Naturalmente, el pesebre tenía que estar en un sitio abrigado y Nazaret era conocido por sus cuevas habitadas desde el neolítico. El que en esa cueva encontraran los magos junto a Jesús a un asno y un buey, se debe a una interpretación de Isaías 1,3: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne”, en donde Dios se queja de su pueblo que no le rinde el culto debido…, pero los magos, gentiles, sí.

Los Reyes Magos. Síntesis de Resultados

tres-reyes1Sinteticemos brevemente las perspectivas expuestas en estas notas, precisándolas:

1. Mateo compone la historia de los magos dentro de su intento de ofrecer una biografía más completa de Jesús. Los capítulos 1 y 2 de su Evangelio, donde aparece esa historia junto con la estrella, fueron añadidos por Mateo después de haber terminado el grueso de su evangelio. Muy probablemente utilizó leyendas previas, que se habían formado en su comunidad.

2. Mateo reescribe y reorganiza estas leyendas e incorpora nuevo material por su parte, sobre todo a partir de la Biblia. La historia de los magos esta compuesta sobre la base de la narración del mago Balaán, que viene de Oriente y profetiza a favor de Israel, además, quizás, de algunos otros textos, como Isaías 60 y salmo 72 para especificar de dónde venían por la clase de regalos que aportaron.

3. La historia de la estrella que anuncia al mesías proviene del relato del mago Balaán en el libro de los Números. Se trata por tanto, en la narración de Mateo, de una “historia teológica” que utiliza alusiones y textos del Antiguo Testamento para transmitir una noción teológica.

4. El contenido de esta historia se resume en lo siguiente: Dios ha decidido en su plan de salvación que el mesías de Israel sea no sólo el salvador del pueblo elegido, sino del mundo entero. La naturaleza –una estrella prodigiosa-anuncia el nacimiento del salvador a unos gentiles de buena voluntad, los magos, que son el símbolo de los paganos que se convertirán. La salvación es universal.

5. Toda la historia de los magos y la estrella no tiene verosimilitud histórica ninguna: es inverosímil intrínsecamente (tanto lo del astro como el comportamiento de Herodes); no casa en absoluto con la historia de Lucas (que nada sabe de la estrella y de los magos, ni está en consonancia lo que sigue después de Jesús, que fue presentado y circuncidado en el Templo 40 días después de su nacimiento, posteriormente la familia se trasladó a Nazaret y no a Egipto); finalmente no encaja con las noticias de la vida pública de Jesús (donde ni María, su madre, ni los paisanos de Nazaret ni la gente de Belén y Jerusalén ni el tetrarca Antipas habían oído en absoluto nada de las maravillas que ocurrieron cuando el nacimiento de Jesús.

Por tanto, concluimos que la historia de la estrella y de los magos es pura teología o si se quiere “historia teológica”, elaborada a partir de conocimientos populares y de modelos del Antiguo Testamento.

7. Siguiendo este mismo modelo, la tradición posterior embelleció y amplió la historia de los magos: los hizo reyes; clarificó su número, tres; les otorgó nombre; conservó sus reliquias y vio en sus regalos los modelos de lo que era Jesús, rey, Dios, redentor sufriente, y la vida cristiana.

Autor: Antonio Piñero (catedrático español de filología griega de la Universidad Complutense de Madrid, especializado en lengua y literatura del cristianismo primitivo).

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