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2. [Jn 1:1-18] Prefacio de Juan

El autor tomó como base para el prólogo de su obra un himno (ver cuadro, primera columna) que se recitaba en las celebraciones de las comunidades juánicas de su tiempo. Le pareció un texto adecuado como introducción a la temática de su libro, que está centrada en la figura del salvador divino que viene a este mundo a traer la revelación celeste. De hecho la tradición sapiencial que esta en la base de ese himno tradicional, es fundamental también para la reflexión del autor y de la escuela en torno a él. Algunos textos en prosa, que interrumpen la secuencia del himno tradicional (segunda columna) se muestran como comentarios del autor, que en ocasiones se sirvió para ello de frases y motivos mas o menos fijos dentro de las enseñanzas de su escuela.

002La intención fundamental de esos comentarios está en el realce de la dimensión divina y de la exclusividad de la revelación y salvación cristianas.

El Himno consta de 3 estrofas bimembres:

a)  La Palabra Creadora (v.1.3) presentando su existencia divina (v.1) y su acción creadora (v. 3).
b) La Palabra Reveladora (v. 4-5, 11-12), presentando su acción reveladora (v. 4-5) y la consecuencia de ella (v. 11-12).
c) La Palabra Hecha Hombre (v. 14.16), señalando la experiencia del hecho (v. 14) y de la salvación en él implicada (v. 16).

Igual que otros textos cristianos antiguos, el himno aplica a la persona de Jesús la rica tradición del judaísmo sobre la sabiduría de Dios creadora y salvadora (Prov 8; Eclo 1:1-10; 24:1-22; Sab 7:21-8:1; 9; 1 Henoc 42:1-2). Como ya sucedía en el judaísmo helenístico, esa sabiduría se le designa con el término logos (palabra, sentido).

(El Nuevo Testamento – Senén Vidal)

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(v.1) =“Una buena traducción es la siguiente:

“Al principio existía la Palabra, la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”.

No se puede traducir era “un dios” (que aparecen en otras traducciones) porque el segundo “Dios”, que es el primero (pero el orden aquí no importa) en la frase griega es un predicado de una frase copulativa, y el predicado no lleva artículo. Traducir “un dios” (sic) creo que es un disparate en un texto totalmente judío que en el fondo es un midrás (un comentario) a Génesis 1,1.

Primera cuestión

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el Evangelio de Juan fue escrito en griego koiné (común) y que este idioma tiene normas específicas sobre el uso del artículo definido. El biblista Archibald Thomas Robertson explica que cuando el sujeto y el predicado llevan artículo, significa que “ambos son definidos y se los considera idénticos, la misma cosa; por tanto, son intercambiables”. Él pone como ejemplo Mateo 13:38, donde leemos: “El campo [en griego, ho agrós] es el mundo [en griego, ho kósmos]”. Gracias a la gramática, comprendemos que aquí el mundo también es el campo.

Pero ¿qué ocurre si el sujeto tiene un artículo definido, pero el predicado no lo tiene, como es el caso de Juan 1:1? Hablando precisamente sobre ese versículo, el especialista James Allen Hewett destaca lo siguiente: “En esa construcción, el sujeto y el predicado no son lo mismo, ni idénticos, ni equivalentes, ni nada por el estilo”.

Para ilustrar esta idea, este erudito cita 1 Juan 1:5, donde se dice que “Dios es luz”. En griego, la palabra “Dios” aparece como ho theós, es decir, con el artículo definido. Sin embargo, la palabra para “luz” (fos) no va precedida de ningún artículo. ¿Qué indica esto? Hewett señala: “Siempre puede decirse que Dios es luz, pero no que la luz es Dios”. Hallamos ejemplos parecidos en Juan 4:24 (“Dios es un Espíritu”) y en 1 Juan 4:16 (“Dios es amor”). En ambos casos, los sujetos tienen en griego un artículo definido, pero los términos “Espíritu” y “amor” no lo tienen. Por tanto, los sujetos y los predicados no son intercambiables; dichos versículos no pueden significar que “el Espíritu es Dios” ni que “el amor es Dios”.

Segunda cuestión

Muchos helenistas y traductores de la Biblia concuerdan en que Juan 1:1 no pretende revelar la identidad de “la Palabra”, sino resaltar una de sus cualidades. El Comentario al Nuevo Testamento, de William Barclay, explica: “Cuando no se usa el artículo determinado con un nombre, ese nombre se usa como adjetivo. Juan no dijo […] que Jesús es el mismo que Dios, sino que Jesús es lo mismo que Dios” (cursivas del autor). En la misma línea, Jason David BeDuhn, especialista en temas religiosos, señala: “En griego, si en una oración como la de Juan 1:1c no se le pone el artículo a la palabra theós, los lectores entenderán que se refiere a ‘un dios’. […] La ausencia del artículo hace que entre theós y ho theós haya una diferencia tan clara como entre ‘un dios’ y ‘Dios’”. Y añade: “En Juan 1:1, la Palabra no es el Dios todopoderoso, sino un dios, es decir, un ser divino”. En la obra Juan. Texto y Comentario, de Juan Mateos (traductor de la Nueva Biblia Española) en colaboración con Juan Barreto, se dice algo semejante sobre Juan 1:1, 2: “De los tres casos que aparece en estos [versículos] el término ‘Dios’, la primera y la tercera lleva[n] artículo determinado (el Dios); la segunda, no lo lleva (un Dios, un ser divino)”. En su Análisis Gramatical del Griego del Nuevo Testamento, el erudito católico Max Zerwick señala: “‘La Palabra era divina’, pred[icado] sin art[ículo], insiste sobre la naturaleza de la Palabra”. Y la obra protestante Clave Lingüística del Nuevo Testamento Griego ofrece la misma explicación.

¿Cuál es la forma correcta de traducirlo? Tanto la gramática griega como el contexto apuntan claramente a que la solución de la Traducción del Nuevo Mundo —“la Palabra era un dios”— es acertada, y a que “la Palabra” no es el “Dios” al que se hace referencia justo antes. Con todo, como el griego del siglo I no tenia artículo indefinido (un, una, unos y unas), hay quienes sostienen un punto de vista diferente. Por tal razón nos interesa consultar una antigua versión escrita en una lengua que se hablaba en los primeros siglos de nuestra era.

Nos referimos al copto sahídico. El copto se hablaba en Egipto durante los siglos inmediatamente posteriores al ministerio terrestre de Jesús, y el sahídico era un dialecto literario de dicho idioma. Hablando sobre las traducciones bíblicas más antiguas en copto, cierta obra especializada señala: “Como la LXX [Septuaginta] y el NT [Nuevo Testamento] se tradujeron al copto durante el siglo III, la versión en esta lengua está basada en mms. gr. [manuscritos griegos] mucho más antiguos que la inmensa mayoría de los testimonios existentes” (The Anchor Bible Dictionary).

Hay dos razones por las que el texto en copto sahídico resulta tan destacable. En primer lugar, como ya se ha indicado, porque revela la forma en que se entendía este versículo antes del siglo IV, que es cuando se adoptó oficialmente la doctrina de la Trinidad. Y en segundo lugar, porque la gramática copta es relativamente parecida a la de algunos idiomas modernos —como el inglés y el español— en el uso de los artículos indefinidos. ¿Y qué tiene esto de importante? Pues bien, las traducciones más antiguas de las Escrituras Griegas Cristianas se realizaron en siríaco, latín y copto. Y aunque el siríaco y el latín no contaban con un artículo indefinido (al igual que el griego de aquel tiempo), el copto sí lo tenía. Lo que es más, el erudito Thomas Lambdin explica: “El empleo de los artículos coptos, tanto el definido como el indefinido, se corresponde estrechamente con el uso de los artículos en inglés” (Introduction to Sahidic Coptic). Y en líneas generales puede decirse lo mismo del español.

Así pues, en la traducción de las Escrituras Griegas en copto podemos descubrir datos relevantes sobre cómo se entendía entonces Juan 1:1. ¿Y qué hallamos? Que la parte final de este versículo incluye el artículo indefinido, por lo que se lee de este modo: “Y la Palabra era un dios”. Sin duda, aquellos traductores comprendían que las palabras de Juan 1:1 no indicaban que Jesús fuera Dios. En efecto, la Palabra era “un dios” (es decir, un ser divino), y no el Dios todopoderoso.

Por ejemplo, veamos lo que escribió Juan más adelante, en el capítulo 1, versículo 18: “A Dios [Todopoderoso] ningún hombre lo ha visto jamás”. Sin embargo, algunos seres humanos sí vieron al Hijo de Dios, Jesús, pues Juan dice: “La Palabra [Jesús] se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria” (Juan 1:14, BJL). Entonces, ¿cómo puede decirse que el Hijo sea parte del Dios todopoderoso? Además, Juan señala que la Palabra estaba “junto a Dios”. ¿Cómo es posible que alguien esté junto a otro ser, y que a la vez sea ese mismo ser? Además, en Juan 17:3 vemos que Jesús establece una clara distinción entre él y su Padre celestial, al que llama “el único Dios verdadero”. Y casi al final de su Evangelio, Juan hace el siguiente resumen: “Estas [cosas] han sido escritas para que ustedes crean que Jesús es el Cristo [y] el Hijo de Dios” (Juan 20:31). Observamos que en este versículo no se dice que Jesús es Dios, sino el Hijo de Dios. Todos estos datos que añade el Evangelio de Juan muestran cómo debemos entender Juan 1:1. La Palabra, es decir, Jesús, es un “dios”, o sea, un ser que tiene una elevada posición, pero que no es igual al Dios todopoderoso.

Si este versículo se interpretará como que Jesús es el Dios todopoderoso, estaría contradiciendo la declaración anterior: “La Palabra estaba junto a Dios”. Alguien que está “junto a” otra persona no puede ser al mismo tiempo la persona a la que acompaña. Por esa razón, un buen número de versiones de la Biblia en diversos idiomas hacen una distinción, dejando claro que la Palabra no era el Dios todopoderoso. Por ejemplo, algunos biblistas ofrecen las siguientes lecturas de este pasaje: “Un ser divino era el Proyecto”, “la Palabra era divina” y “dios era la Palabra”.

Ciertos versículos de la Biblia que en griego utilizan una construcción similar a la de Juan 1:1 usan la expresión “un dios”, con minúscula. Por ejemplo, refiriéndose a Herodes Agripa I, la multitud exclamó: “¡Es un diosel que habla[!]”. Y cuando Pablo sobrevivió a la picadura de una serpiente venenosa, la gente empezó a llamarlo “un dios” (Hechos 12:22; 28:3-6,BJL). Así pues, referirse a la Palabra, no como Dios, sino como “un dios”, está en armonía tanto con la gramática griega como con las enseñanzas bíblicas (Juan 1:1).

Hay que tener en cuenta el modo en que Juan identificó a “la Palabra” en el primer capítulo de su Evangelio. “La Palabra vino a ser carne y residió entre nosotros —escribió—, y tuvimos una vista de su gloria, gloria como la que pertenece [no a Dios, sino] a un hijo unigénito de parte de un padre.” De modo que “la Palabra”, que vino a ser carne, vivió en la Tierra como el hombre Jesús y fue vista por la gente. Por lo tanto, la Palabra no puede haber sido el Todopoderoso, respecto a quien Juan dice: “A Dios ningún hombre lo ha visto jamás” (Juan 1:14, 18).

Algunos dicen que Juan 1:1 [“en el principio era la palabra”] nos presenta con una segunda persona quien existe antes de su concepción. Si este argumento fuese verdad, entonces el apóstol Juan estaría contradiciendo el resto del NT. El Jesús de Mateo y Lucas claramente sostienen una concepción y nacimiento terrenal, meses después que su primo, Juan el bautista, y no “eternamente engendrado”.

Juan no escribe: “en el principio era el hijo de Dios” o “en el principio era Jesús”. Lo que está escrito es: “en el principio era lapalabra”, y “palabra” [logos] no es en mayúscula [como si se estuviera refiriéndose a un ser humano]. Por lo tanto, no es correcto traducir lo siguiente como que “todas las cosas fueron hechas a través de él”. Esta traducción inapropiadamente nos lleva a creer en la “palabra” como una segunda persona divina, en vez del plan omente de Dios. Ocho traducciones de koiné griego original, antes del Latín Vulgata [de cual proviene la RV], no leen así. Este versículo aparece como “todas las cosas fueron hechas a través de ese [o este]”, ya que la palabra logos gramáticamente es neutro.
La “palabra” [logos] conlleva el sentido de un plan o propósito.

Comentario Final:

Las explicaciones sobre el griego koiné y la importancia de las versiones antiguas son absolutamente elementales y no hay discusión. Sí puede haberla en su elenco de autoridades.

Si se traduce “un ser divino”, la versión española sería más aceptable.

Pero la versión “En [el] principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios”, me parece un español altamente equívoco y mal entendible por la mayoría.

Así como se presta a un enorme equívoco equiparar el pensamiento del autor del Prólogo, a lo que la gente entendía por “un dios” cuando se dirigía a Herodes Agripa I, intentando así aclarar qué debe entenderse por “un dios” y como esta expresión no es equiparable a “Dios”.

Como las diferencias entre la Divinidad trascendente y su Palabra, Hijo, etc. como se la denomina entre los antiguos, eran evidentes para todos los pensadores de la época, dirigir su artillería contra una intelección trinitaria de esa frase –como si yo, o cualquier otro pudiera entender que el Logos y Dios son idénticos en todo– me parece fuera de lugar: nadie lo entendía así en la Antigüedad.

Por tanto, me parece muchísimo mejor traducir como propongo y (en caso de publicación, como es este) aclarar el significado en nota.

Y lo importante es destacar entre los evangelistas, en algún aspecto todos dependientes del pensamiento paulino, el grado de intensidad en la participación de la divinidad por parte de Jesús, creciente entre los evangelistas, con el que cada uno de ellos trata de aclarar qué idea subyacente albergaba sobre la divinidad de Jesús.

Y respecto a los últimos párrafos: naturalmente que el Evangelio de Juan corrige a lo evangelistas anteriores. Todos lo hacen y cada evangelio es una enmienda al anterior. De lo contrario no se habrían compuesto y publicado.

Hay cuatro, al menos cuatro, (no menciono aquí la cristología angélica es en realidad un ángel que se trasluce en Hebreos) cristologías contradictorias en el Nuevo Testamento:

• (Teóricos discursos de Pedro en Hch 2 y de Pablo en Romanos 1,3ss): Jesús es un mero hombre, un profeta, y es adoptado como “hijo de Dios” solo tras su resurrección. Allí es confirmado en su función de mesías y señor.

• Evangelio de Marcos: Jesús es adoptado como “hijo” antes de la resurrección, en el bautismo: Mc 1,11

• Evangelios de Mateo / Lucas. Jesús es hijo de Dios antes de su vida pública: lo es en el momento de su concepción maravillosa. Aquí no hay encarnación: Mt 1-2 y Lc 1-2

• El Logos es una hipóstasis divina (midrás a Gn 1,1ss) y existe antes de la creación del mundo, al igual que la Sabiduría divina. Ese Logos se encarna en un cuerpo mortal (estrictamente no importa nada su origen). Sí hay encarnación. Ese Logos-Jesús- Salvador-Revelador oroviclama su “unidad” con el Padre antes de la creación el mundo.

Estas cristologías no son estrictamente coordinables entre sí y son en realidad contradictorias. Denotan un impulso entre los autores del Nuevo Testamento de adelantar en el tiempo el momento en el que un ser humano es declarado “hijo” (entiéndase como se entienda esta filiación, jamás explicada claramente en el Nuevo Testamento).

Por Antonio Piñero

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